• ¿Qué sabemos de Lisboa en España? - nos preguntó el guía. Y ante el silencio del grupo, él mismo respondió - Nada.

Y es esencialmente cierto; en España poco miramos al país vecino. Hasta hace relativamente poco tiempo no había ido a Portugal; fui incluso antes a los USA o a Argentina. Hace unos pocos años visité el país luso por primera vez y me encantó: descubrí un paisaje fantástico, gente muy amable y cuestas. Muchas cuestas. También descubrí el vinho verde y casi les perdono lo de las cuestas.

Así que cuando tuvimos los 4 días del tirón aprovechamos para viaje Tontako. Y más o menos con esa pregunta comenzó nuestro viaje en la Praça Luís de Camões, una de las figuras literarias más importantes. Recorrimos el Chiado, el Bairro Alto y la Baixa durante 3 horas. Nuestro guía destacó varios hechos para entender Lisboa y Portugal: la conquista (y posterior pérdida) del mar, el terremoto y la revolución de los claveles. No fue una visita excepcional (éramos un grupo demasiado grande), pero nos dejó muchas pistas para seguir recorriendo por nuestra cuenta.

Convento do Carmo tras el terremoto Convento do Carmo tras el terremoto

Por la tarde nos acercamos a Belém, barrio lisboeta situado al oeste de la ciudad, famoso por sus pasteis de Belem, un dulce típico hecho con hojaldre y crema pastelera. Está muy rico, aunque entre nosotros, su fama está un poco sobredimensionada.

Visitamos en primer lugar el increíble monasterio de los Jerónimos, cuyo claustro es una verdadera maravilla. Aunque para entrar tuvimos un rato de cola, pudimos realizar la visita a nuestro aire y disfrutar del monumento.

Claustro del monasterio de los Jerónimos Claustro del monasterio de los Jerónimos

Nos acercamos después al museo de carruajes, muy entretenido, y con una interesante exposición temporal sobre los carros de bomberos en Lisboa a través de su historia. Belem tiene además un fantástico paseo por el puerto hasta el monumento a los descubrimientos, con buen ambiente, locales, grupos callejeros, cachés (faltaría más!)…

Para el segundo día nos habíamos planificado unas cuantas visitas, así que teníamos que levantarnos pronto. Fuimos primero al museo de Oriente: un museo bastante nuevo con una disposición muy inmersiva y bien cuidada. Tiene una exposición sobre el legado de las colonias portuguesas, y otra sobre la ópera china. Merece mucho la pena acercarse a este museo, que además está muy cerca de otra visita clásica: el Museo de Arte Antiga. Es el museo más importante de Lisboa; desde la entrada principal se accede a una exposición muy cuidada sobre escultura religiosa, y aparte tiene muchas salas llenas de arte, al estilo de otras pinacotecas. La segunda parte de la visita se hizo más cansada pero aun así, también es una parada muy recomendable.

Frondosa Estufa Fría Frondosa Estufa Fría

Tras reponer fuerzas por la zona en un restaurante brasileño delicioso, nos fuimos en metro hasta el parque Eduardo VII, donde hay un invernadero que queríamos visitar. La estufa fría es un gran invernadero donde se pueden conocer muchísimas especies de plantas del mundo. Está construida con mucho mimo y representa un pequeño oasis de tranquilidad, sobre todo en uno de los fines de semanas más concurridos de Lisboa.

Dejamos el parque Eduardo VII y nos dirigimos a otra parte de la ciudad totalmente distinta: la Alfama. Seguramente sea el barrio más famoso de Lisboa, en la colina junto al Castillo de San Jorge, y que se recorre con el tranvía 28, para salvar las cuestas (¿os acordáis que hay cuestas? Pues la Alfama está totalmente sin planchar). En la parada del 28 vimos una larguísima cola de personas esperando así que enfilamos a pie la subida. En buena hora. Menos mal que había cachés. Y miradores desde los que asomarse a Lisboa y al Tajo. Llegamos así hasta el castillo donde una cola incluso más larga nos disuadió de cualquier visita, así que recorrimos durante un buen rato las intrincadas callejuelas. Un paseo genial que nos llevó hasta la Sé, que pudimos visitar muy rápidamente.

Vistas de Lisboa desde un Vistas de Lisboa desde un

Y así se nos fue terminando la tarde, pero aún nos quedaba una última visita ese día; tras cenar nos acercamos a un bar en el que cantan fados. Unas chicas nos ofrecieron compartir su mesa, que resultó estar en un sitio privilegiado, y allí nos tomamos unos vinos mientras desfilaban fadistas con sus canciones. Fue la mejor forma de despedirnos de Lisboa.

Y este selfie de nosotros cantando fados (cantábamos para dentro) es una forma estupenda de terminar el post:

Tontakos fadistas Tontakos fadistas

Aquí las foticos de estos dos días

Y después, ¡nos vamos a Sintra! Estad atentas…