¿En qué piensas cuando piensas en Edimburgo? En el gótico, en su castillo, en sus festivales, en su sidra, en sus parques… Hemos estado unos días en la capital escocesa, paseando y redescubriendo la ciudad.

Tanto Alex como yo ya habíamos estado por separado en Edimburgo y tocaba conocerla de nuevo, esta vez juntos. Yo vine hace unos trece años, la ciudad era distinta y sobre todo yo era otra persona. De aquella primera visita me traje un recuerdo muy dulce, me encantó pasearla con amigos, una ciudad con muchísimo encanto que guardé junto con otros recuerdos bonitos. Venía yo con un caso agudo de “gestión de expectativas” y tenía entre anticipación y ansiedad por ver con qué me quedaba de Edimburgo en esta visita.

Música

Sin haberlo previsto mucho, nuestra visita a Edimburgo ha tenido mucho contenido musical. Nuestras fechas coincidían con el Edinburgh Trad Fest, que volvía a las salas tras dos años de parón. Aunque nos apetecía ir a todos los conciertos de música tradicional y folk, nos decidimos por un par de ellos.

El primer día fuimos a ver a Duncan Chisholm, el mejor fiddler de las Highlands. Es un nombre muy conocido dentro del folk británico y nos dio un conciertazo con su banda. Además, trajo una joven promesa como telonera, Beth Malcolm, y una chelista como invitada para un par de temas. Se notaba que había ganas y el ambiente estuvo genial.

La segunda noche fuimos a otra sala a ver a un grupo de más modernete, Ross Ainslie & Ali Hutton Trio, del que hemos estado escuchando bastante. Aunque también era una sala donde estábamos todos sentados, animaron a la gente a bailar, y fue fantástico cuando varias personas bajaron hasta el escenario y estuvieron bailando de cualquier manera los temazos del grupo.

En línea con nuestro plan musical, fuimos al museo de instrumentos antiguos que hay en la St Cecilia’s Hall. Una pequeña exposición que, por supuesto, visitamos totalmente solos, donde había un repaso bastante exhaustivo a la historia del piano y sus antecesores (queda siempre muy vistoso), además de varias salas con instrumentos de distintas épocas y orígenes.

Y para rematar este nuestro viaje musical (hincapié en el “matar” de rematar), Alex me llevó a una tienda de música donde se compró… ¡un whistle! Los whistles en concierto están fenomenal, suenan a la siembra, a hadas del bosque y a farra sanota, pero en el apartamento de 20 metros cuadrados en el que estamos parece más bien una vuvuzela desafinada.

Las visitas

El primer día en Edimburgo teníamos reservadas un par de visitas importantes. Un tour por la ciudad y la visita al impresionante castillo de Edimburgo.

El tour, que fue nuestra primera aproximación a la ciudad, fue bastante chasco. El guía era majo, pero tenía los dejes cuñados que ya me resultan difíciles de ignorar. Tampoco él pudo ignorar mi cara de “pavo, cállate” porque éramos cinco en el paseo. No fue muy ofensivo, solo fue excepcionalmente soso y estereotipado, y ojalá estas visitas se adapten también a otras formas de comunicarnos en nuestro turismo. Con todo, nos asomamos a la ciudad vieja, a su gótico, a su historia con y contra Inglaterra y a sus grandes personalidades y fue muy útil para ubicar las zonas de la ciudad que exploraríamos más adelante.

Después fuimos a ver el Castillo de Edimburgo, donde, por horarios, no pudimos coger la visita guiada e íbamos con audioguía. En este caso, la audioguía sólo fue aburrida y deslabazada. Me resultaba difícil mantener la atención a los audios y al entorno, así que en cierto momento me quité los cascos y me centré en los paneles explicativos y en mi propio paseo. Fue la mejor decisión porque terminé disfrutando mucho del impresionante monumento que domina Edimburgo.

Los paseos

Edimburgo es una ciudad que se puede pasear perfectamente. Hay un par de cuestas a las que una se acostumbra rápido, y el resto son calles y callejuelas en las que perderse sin tiempo. En la ciudad vieja, al sur del castillo, visitamos el castillo, la Royal Mile, Holyrood Park, Grassmarket, varios cementerios y la calle Victoria. Es la ciudad gótica, la de Harry Potter, la catedral y las leyendas. Es la parte más turística de la ciudad y es muy fácil hacerse con ella.

La ciudad nueva, al norte, está dominada por la ilustración, calles racionales, edificios más modernos y zonas de casas bastante caras. Aquí está la calle Princes, con el precioso parque que limita con el castillo, y que alberga también un cementerio muy bien cuidado. También esá la zona de Calton Hill, una colina que sirve de perfecto mirador de la ciudad, dentro de la ciudad. Visitamos las calles que conforman el Dean village, una pequeña colonia de casas muy coquetas y por donde discurre un paseo fluvial junto al río Water of Leith.

Hemos caminado un montón por Edimburgo y me llevo la sensación de conocerla mucho mejor.

La comida

Mientras que tenía incertidumbre sobre cómo sería revisitar Edimburgo, lo que sí tenía clarinete es que su gastronomía (por llamarla de alguna forma) no me iba a sorprender en absoluto: es terrible. No tienen ningún pudor ni decoro a la hora de llamar “comida” a cualquier cosa. En Reino Unido no saben cocinar y tampoco saben comer. En esta colina me mato yo.

El primer día llegamos con poco margen de maniobra, y con muchos sitios cerrados así que fuimos a por la opción fácil de hamburguesa. El amor por la carnaza que se tiene por aquí es increíble. Desde el segundo día combinamos buscar restaurantes más de mi gusto (Alex es mucho más flexible en este punto) con cenar en el apartamento, así que comimos en japonés, libanés, en un vegetariano y en casa tomamos salmón, verduras, quiche y fruta. Todo tan rico como poco escocés.

En North Berwick sí que disfruté genuinamente del marisco y aún espero encontrarme con sopitas que me den confort. Por ahora solo puedo alegrarme de que vamos a poder cocinar en la caravana, aunque hay viaje por delante para que cambie de opinión (jejeje).

Cómo pasa el tiempo

Y dejo aquí una pequeña reflexión sobre esas sensaciones que quedan al volver a otro sitio que es también un volver al pasado en algunos aspectos. La ciudad ha cambiado, pero sobre todo he cambiado yo. Ahora miro los sitios que visito con otros ojos y en general las ciudades no salen super bien paradas.

El primer día, con las visitas chasco, sentí que me iría desilusionada de Edimburgo. Sin embargo, con nuestros paseos a nuestro aire, yendo sin prejuicios por cualquier parte de la ciudad, he disfrutado y aprendido un montón. Edimburgo sufrió mucho parón por el Covid, cerró la actividad turística, lo cual supuso un durísimo golpe para la vida de la ciudad y sus habitantes. En estos meses está abriendo de nuevo pero sin mucho control. En todas partes huele a Bruselas. Me ha resultado muy difícil imaginar cómo viven los locales su día a día.

Pero Edimburgo también sigue siendo fiel a su culto por el verde: grandes parques y jardines que vertebran la ciudad y no son únicamente un aderezo. Mucha gente paseando y disfrutando al aire libre. Aunque he visto algunos retos, no me ha parecido una ciudad hostil, y sus ciudadanos han sido afables.

Así que para mi sorpresa, tras un primer día un poco raro, me llevo una experiencia positiva de Edimburgo. El dulce recuerdo puede seguir ahí, no necesito renunciar a él (cosa que me encanta) y se le une una nueva visión, más ajustada a mis criterios actuales. Me hace muy feliz irme de aquí sintiéndome amiga de Edimburgo.

Y para que seáis felices, aquí os dejo la foto de los amigos Tontakos:

Y del resto de foticos de Edimburgo:

A partir de ahora, el viaje cambia de tercio: toca coger la furgoneta camper que hemos alquilado y ver si llegamos a Inverness ilesos. ¡No os lo perdáis!

Índice de posts de Escocia 2022

  1. Escocia 2022 - Glasgow
  2. Escocia 2022 - North Berwick
  3. Escocia 2022 - Edimburgo
  4. Escocia 2022 - Highlands: NC500
  5. Escocia 2022 - Highlands: la lluvia
  6. Escocia 2022 - La Tontakoneta
  7. Escocia 2022 - Itinerario y pecunia