Intento de Marticio y Yamicidio. Intento frustrado ya que estamos vivitas y coleando (chúpate esa Clara); sí, lo sé, esto clama una explicación…

Todo empieza con la recomendación de una amiga de cuyo nombre modificaré para que no la reconozcáis y la llamaré Clara. Pues bien, Clara nos sugirió que fuéramos al barranco de Masca, un sitio super bonito, lo único un poco de sol. Visto ahora, algo debimos sospechar: es un barranco y se llama Masca, lo tiene todo, vaya.

Total, que allá que fuimos con las indicaciones de Clara: algo para taparse la cabeza, agua y unos bocatas. Por nuestra parte además íbamos con ropa y eso, aunque estrictamente no formaba parte de la recomendación. El camino sale de Masca, un pueblo al Noroeste de la isla con mucho encanto. Había un par de avisos: puede haber desprendimientos y puede dar vértigo (juro que este aviso yo no lo vi!!); Marta y yo ignoramos los avisos (llevaba un gorro para el sol, qué podía pasar!!) y comenzamos la ruta.

El camino baja hasta el cauce del río que corre por un desfiladero hasta la playa; unas 3-4 horas de paseo por un paraje espectacular. Sin señalizar. Bueno, miento… los canarios tienen un sentido del humor de lo más agudo y el camino tenía hitos por todas partes. Por. Todas. Partes. Y así claro, Marta y yo nos salíamos del camino cada dos por tres cruzando el río por arriba y a veces por abajo, ejem.

Sólo había un hito en la ruta y era este... para que no nos perdiéramos... Sólo había un hito en la ruta y era este... para que no nos perdiéramos...

Sobrevivimos por los pelos al vértigo

No se ve bien el precipicio pero aún no nos explicamos cómo sobreviví... No se ve bien el precipicio pero aún no nos explicamos cómo sobreviví...

a las rocas inexpugnables

Marta tuvo que dar el do de pecho para acceder a la cumbre de esta montaña de rocas... Marta tuvo que dar el do de pecho para acceder a la cumbre de esta montaña de rocas...

y a la plantas carnívoras

Se nota cómo la palmera nos mira como a punto de saltar hacia nosotras... Se nota cómo la palmera nos mira como a punto de saltar hacia nosotras...

En honor a la verdad, nadie, nadie nos avisó de que tenía algo de dificultad ni de que fuéramos mejor preparadas; aquí debe ser un paseíto de lo más normal y lo sugirieren como ‘escapada romántica’… Y en mayor honor a la verdad, a posteriori agradezco que no nos avisaran; puede que no hubiéramos hecho la ruta si nos dicen que mejor ir con buen calzado o si llego a ver el aviso de vértigo. Pero no teníamos esta información e igualmente hicimos la ruta y resultó ser una auténtica maravilla.

Mientras esperábamos al barco yo aproveché para hacer check en el Atlántico. Increíblemente, el agua estaba buenísima y me di unos chapuzones estupendos. Y bueno, no quiero malmeter mucho, pero Marta es la peor amiga del mundo porque no me empujó por un precipicio. A buen entendedor… (puede que seas buen entendedor y te quedes igual, es porque yo he sido inusualmente críptica). Y en el barco, plátano canario (lo mismo, a buen entendedor… Aquí estoy siendo ambigua con connotaciones sexuales, en realidad, nos dieron una pieza de fruta a cada uno, pero así la historia queda mucho más deslucida).

Salimos con vida de la trampa mortal y esta fue la recompensa Salimos con vida de la trampa mortal y esta fue la recompensa

Después pasamos por Icod de los vinos donde vimos el Drago Milenario (se conserva muy bien para su edad) de camino a Garachico donde íbamos a cenar por recomendación de… ¿lo adivináis? Sí! de Clara. Fuimos con miedo, ¿será un restaurante caníbal? ¿tal vez seamos nosotras el plato principal? Nada más lejos, en El lagar de Julio nos dieron de cenar estupendamente y perdonamos a Clara todos sus pecadillos anteriores.

Hoy toca la zona Noreste, el faro de Anaga… ¿Sobreviviremos? ¡Quién sabe!