Tras la escapada al Cream Tea Shoot en agosto del año pasado, tenía muchas ganas de repetir una visita arquera a la SPTA. La ocasión fue el Saint George’s Shoot organizada también por la Sociedad para la Promoción de la Arquería Tradicional, un grupo volcado en arquería tradicional y un ambiente increíblemente bueno. Pablo y Angela habían estado el año anterior y nos lo vendieron tan bien, que montamos una expedición de 7 arqueros y arqueras de Ithilien. ¡La armada española!

El evento tiene lugar durante el fin de semana cercano al 23 de abril, conmemorando la onomástica de San Jorge. El viernes 22 llegábamos a Taunton los 7 compañeros de viaje: Ana y Alex, Pablo y Angela, Luiyo y el equipo tontako. La primera noche aprovechamos para cenar y hacer una pequeña celebración del cumple de Luiyo (Zorionak!). Esa noche pusimos a punto los arcos y nos fuimos a descansar, pues el sábado pronto comenzaría la Tirada de San Jorge.

Las tres mujeres de Ithilien tras un tirazo que fallamos muy sincronizadamente

La tirada consiste en una serie de pruebas de arquería de muchos orígenes distintos, con una única regla: hay que usar arcos tradicionales o históricos y flechas de madera. El campo inglés rodeado de bosque por todas partes fue el sitio idóneo donde llevar a cabo todas las pruebas. El sábado comenzamos con tiros largos, a soldados franceses a unso 150m. A esta distancia tuve que esforzarme al máximo para sacarle la potencia suficiente a mi arco y que llegara hasta el otro lado del campo. Desde donde tirábamos ni siquiera veíamos bien las dianas, así que era toda una celebración encontrar una flecha clavada en la diana; yo tuve la suerte de acertar ¡dos dianas!

Yo de buen rollo con un machirulo que pasaba por la calle

Además de estos soldados teníamos una diana tibetana, de apenas 1/2m de altura, a unos 50m. Aquí hubo incluso menos aciertos pero tanta épica como en los anteriores tiros. Tras recorrer el campo varias veces ida y vuelta recogiendo flechas y apuntando a dianas imposibles, tocaba una de las actividades más divertidas: el popping jay. Se trata de un mástil vertical de unos 15 metros, coronado por un patito de plástico. El reto consistía en bajar al pato del mástil con flechas aseguradas (con tapones de goma para las puntas). Hicimos una cola de gente e íbamos repitiendo el ritual: nos acercábamos hasta la base del mástil, mirábamos hacia arriba, al objetivo, presentábamos el arco en vertical como buenamente podíamos y disparábamos con total seguridad de que, esta vez sí, le íbamos a dar. Y vuelta a la cola porque, claro, no le habíamos dado. Poco a poco la cola se fue haciendo más pequeña y solamente algunos arqueros concienzudos quedábamos ahí. Se nos acusó de estar “picados”, de “engorilarnos un poco de más”, de “obsesivos”. Pero nada de eso era cierto: la verdad es que hay veces que una misión se cruza en tu vida y no puedes mirar para otro lado. El patito era mi misión.

A 1m del suelo no parecen tan aterradores, eh

Cuando se hizo evidente que no le daríamos ni en 100 años pasamos a una estrategia que llamamos “abrumemos al pato”: quienes quedábamos con ganas de tirar el maldito-pato-ojalá-te-comas-una-lombriz-podrida nos juntamos alrededor del mástil para tirar a la vez. Qué podía salir mal. ¡Y ni por esas! El jodido pato (ojalá una avispa le pique en un ojo) salió indemne de la gesta.

Gente normal y para nada obsesionada

Por la tarde, antes de la cena, Pablo nos dio una charla sobre la Batalla de Aljubarrota donde los ejércitos inglés y francés se cruzaron entre Castilla y Portugal mientras batallaban la Guerra de los 100 años, con saldo terrible para Francia gracias a la arquería inglesa. Una charla exhaustiva y muy amena que precedió perfectamente la cena y fin de la primera jornada.

Y sin casi darnos cuenta, llegó el domingo, que comenzó con una de mis pruebas favoritas: recorrido 2D por un bosque maravilloso. Propuestas complicadas y muy bellas en las que poner a prueba nuestra técnica arqueril, así como nuestra capacidad de improvisar tiros imposibles. Y tras el recorrido, teníamos una gymkana muy original, con un montón de pruebas divertidas: tiro a caballo “sin caballo”, tiro al pato de goma (tirando en horizontal me pude desquitar con el pato, yeah!), tiro rápido, etc.

El equipo peñagrandino (yo misma, Luiyo y Alex) a punto de comenzar el recorrido de bosque

Además, tuvimos la oportunidad de probar tiro de pulgar con un arco coreano y las enseñanzas de Angharad y Jonathan, que nos abrieron aún más el espectro de lo que puede ser el tiro con arco tradicional. Agotados y felices ayudamos a recoger las dianas para dar por terminado un finde increíble con mucho tiro con arco y sobre todo con gente fantástica y muy generosa. Si queréis leer más en detalle, os invito a pasar por el post que escribió Pablo (en inglés), con más fotos y explicaciones.

Y por si fuera poco, ¡cogimos algunos cachés! Fue un finde memorable y ojalá tengamos más oportunidades de visitar a Hilary y a la SPTA. ¡Hasta la próxima!

Foto de grupo al final del finde; si nos ves un poco borrosos es porque estás tan cansada como estábamos ahí :)