Este viaje por Azores 2026 tuvo un giro inesperado cuando, durante un par de días, Álex intentó acabar conmigo de múltiples e ingeniosas formas.

La lagoa verde y la jungla asesina

Habíamos previsto ir a la zona de Sete Cidades, que tenía bastantes planes con buena pinta: paseos, rutas, miradores y pajaricos. Como el tiempo en la isla es muy cambiante y poco predecible, dejamos los planes en el aire hasta ver qué pinta tenía el cielo por la mañana. Como el día amaneció con muchas nubes, decidimos empezar por la laguna y dejar la parte de los miradores para cuando se despejara. Y así aparecimos en un parking junto a la Lagoa Verde.

En el cráter de Sete Cidades hay una enorme laguna que parecen dos lagunas, puesto que una zona tiene un color más verdoso (la Lagoa Verde) y la otra parte es más bien azul (os dejo que adivinéis qué nombre tiene). Esta diferencia de colores se debe a una distinta concentración de algas, aunque cuenta la leyenda que cada lado se formó con las lágrimas de un amor imposible. El equipo tontako esgrimió que el pastor de la leyenda era un poco señoro, y nos fuimos a recorrer la lagoa de la muchacha.

Caía una fina lluvia pero la temperatura era muy buena y se podía estar muy a gusto. Así que salimos por el camino junto a la orilla. Íbamos con los binoculares y la cámara bien alerta para ver los charranes, aunque los más confiados estaban siendo los pinzones.

Nos llamó muchísimo la atención la sobre-representación de turismo español en Azores, de lejos la nacionalidad que más nos encontramos. La (relativa) cercanía podría ser una causa, pero los británicos y nor-europeos nunca han tenido reparos en colonizar con su turisteo. Llegamos a la conclusión, 100% científica, de que tal vez el clima en Azores no es tan apetecible para los ciudadanos del Norte de Europa, en comparación con Canarias o Málaga o incluso Madeira, donde también encontramos pequeñas comunidades británicas.

El camino ancho y bien acondicionado, bucólico incluso, de pronto se convirtió en una pista de barro por entre el espeso bosque açoriano. Vimos en el mapa que era un “trocito pequeño” y Álex me aseguró que sería fácil, que sería breve, que sería bellísimo. Fue el primer intento de yamicidio. ¡Una hora y media después salíamos de aquel infierno verde! ¡El horror!

Testigos del drama Testigos del drama

La cosa es que no había ningún aviso de que esa parte de la ruta no estaba en absoluto mantenida. Era un camino muy estrecho por la pared interior del cráter. Los sube-y-baja constantes en una pista difícil, con mucho barro, sin asideros y con algunas partes muy complicadas pusieron a prueba mi vértigo y la paciencia de Álex. Como todo esto fue porque él quiso acabar conmigo, pues que se fastidie con J.

Esta imagen la he sacado de wikiloc, no es mía, pero es para dejar constnacia del paso con los troncos, aunque actualmente está peor porque algún tronco está roto y el puentecillo en general está suelto.

Menos mal que no hay constancia de cómo pasé yo por ahí Menos mal que no hay constancia de cómo pasé yo por ahí

La Serra Devassa y el huracán fatídico

Salimos de la jungla y vimos que había salido el sol, así que tocaba aprovechar para la que queríamos que fuera la ruta del día. Alex la había preparado con esmero, y después de que casi me escamocho doce veces en la lagoa verde, venía bien un paseo de tranki. La ruta transcurre por algunos caminos de la Serra Devassa y se asoma a unas cuantas lagunas, algunas más recónditas y otras más esplendorosas.

La primera parte de la ruta consistió en bajar hasta las Lagoas empadadas, muy escondidas tras un muro de árboles. Se llega de pronto a una zona con banquitos, espacio, el paisaje tremendo y los setos mejor recortados de todo Portugal. Seguimos la ruta cogiendo altura, de forma que veíamos los cráteres con lagunas y el mar tanto hacia el norte como hacia el sur.

Y de pronto el camino se hizo más estrecho y muy expuesto. Yo entonces comencé a temer por mi integridad, pero Álex me dijo que no pasaba nada, que era un trocito breve, que él me ayudaba. Segundo intento de yamicidio. Cuando íbamos prácticamente como equilibristas (sin exagerar apenas) de pronto un viento huracanado a unos 85km/h (menos si son millas) amenazó con llevarme volando.

La ruta fue fantástica, las vistas una absoluta maravilla, y lo mejor fue que logré salir con vida. Chúpate esa, Álex. Esto último debí decirlo en voz alta, porque el señor Tontako entonces decidió que quería ir a ver precipicios. La buena gente de Portugal los llama miradouros pero yo sospechaba que se venía el tercer intento de yamicidio. Y con estas nos asomamos a dos puntos super emblemáticos de la zona: La grota do inferno

Y la Vista do Rei:

A rei tontako muerto, rei tontako puesto A rei tontako muerto, rei tontako puesto

La playa dos Mosteiros y la patata frita letal

Como las alturas no parecieron surtir efecto, Álex propuso ir a ver el atardecer a Mosteiros, un pueblo al oeste de la isla y que recibe su nombre de unas enormes rocas que decoran la costa y que parecen monasterios (se parecen tanto como la Osa mayor a una osa, pero quién soy yo para luchar contra las pareidolias).

En ese mosteiro no hay clarisas vendiendo pastas En ese mosteiro no hay clarisas vendiendo pastas

Aquí el intento de yamicidio fue doble: por un lado, los amaneceres y atardeceres me parecen unos eventos quema-retinas y cero románticos (otra colina en la que morir) y por otro, Álex, el muy %$·~#@ me dio unas patatuelas y agua fresquita, ¡y me atraganté!

Davinia contra Goliat Davinia contra Goliat

Después, por si todo lo anterior no fuera suficiente, descubrimos que las hortensias que pueblan las lindes de las carreteras y que se dan tan bien las jodías (mi sustrato para acidófilas no está a la altura) están ahí plantadas. No surgen espontáneamente por la magia de la isla. Era de sospechar puesto que justamente prosperan en las lindes de caminos, pero no en medio de los campos. Y para rematar la conspiración-hortensia, resulta que ni siquiera son endémicas de la zona. Son de Japón y las introdujeron los marinos portugueses en el S.XIX. Se dan increíble y se merecen ser la flor açoriana por excelencia, pero me sentí engañada por mi propia ignorancia.

Lo cierto es que son preciosas Lo cierto es que son preciosas

Furnas y la fumarola funesta

Al día siguiente yo me levanté confiada de que la furia yamicida se le habría pasado. Además, daban lluvias. El plan era ir a Furnas a conocer más sobre el aspecto volcánico de esta isla que es básicamente una isla de volcanes profusamente decorados con selva. Fuimos primero a dar un paseo por la orilla de la lagoa, que en ese momento estaba bastante ominosa por la niebla.

Lo cierto es que son preciosas Lo cierto es que son preciosas

En el parque que rodea la laguna hay una serie de tallas en madera que hay que ir ubicando y que nos llevaron a distintos rincones del mismo.

Entonces se puso a llover muy fuerte y aprovechamos para visitar el Centro de Interpretação Ambiental das Furnas, donde pudimos aprender sobre el nacimiento geológico de la isla y cómo se convive en la actualidad con volcanes activos. El centro tiene una concepción bastante tradicional en cuanto a la divulgación y los paneles se me hicieron un poco pesados, pero aun así, me gustó la visita.

Tanto ejercicio hizo mella en nuestra hambre y nos acercamos al centro del pueblo para probar su plato típico más famoso: el cozido de Furnas, se trata de un cocido parecido al tradicional portugués con la peculiaridad de que se cocina durante muchas horas en ¡una fumarola! Incluso hay modalidades en las que puedes llevar tus ingredientes y te lo cocinan durante unas 6 horas en las mismas fumarolas. Como el día estaba lluvioso y fresco, el cozido entró de lujo, y encima resultó ser un cocido “muy limpio” (todo carne magra y nada de tocinos). Así que fue un fantástico descubrimiento gastronómico local.

Después de comer, Álex propuso ir al OMIC (Observatorio Microbiano dos Açores) y a ver las fumarolas y caldeiras. Ahíta como estaba yo de cozido, no me percaté de lo que después fue un más que evidente intento de yamicidio por olor a pedos. No pienso elaborar más sobre esto, baste con decir que menos mal que también falló aquí en su empeño.

En el OMIC leímos explicaciones sobre las extremófilas (bacterias que viven en situaciones de temperatura y ph extremos) y sobre el sistema de tres dominios (bacterias, archaeas y eucaryas). Tienen un rinconcito para re-prestigiar la impronta de la investigadora Fanny Hesse, quien propuso a finales del S. XIX usar el agar como solidificante para cultivos de laboratorio.

Después dimos un paseo por el parque circundante, donde las protagonistas son las fuentes de aguas termales y las fumarolas. Se ve a mucha gente probar de las fuentes pero el equipo tontako nos vimos con suficientes retos de digestión tras el cozido así que dejamos pasar la oportunidad de beber extremófilas.

Para terminar la visita a Furnas, nos acercamos a la Queijeria Furnese, famosa porque tienen quesos macerados con agua de fumarola y bombones de queso. Nos decidimos a probar estos últimos. Fue un error. En mi opinión, con la mezcla estropearon dos de las cosas más ricas del mundo: el queso y el chocolate. Pero me hizo gracia probarlos.

Y para que veáis que sobreviví a todos los retos, nuestras mejores galas en el parque de fumarolas:

Y si queréis ver más fotos de estos días, aquí os dejo los álbumes:

Índice de posts de Azores 2026

  1. Azores 2026 - Arrancamos
  2. Azores 2026 - Sete Cidades y Furnas

Como diría Arya, NOT TODAY! ¡Seguid atentas para el resto de la aventura tontaka por Azores!