Νέα tονtακα περιπέτεια! Este año, el equipo Tontako decidimos resolver una deuda pendiente con el patrimonio de la humanidad y así surgió el viaje Grecia 2026.

Antes de ir

Suelo prepararme bastante los viajes: me gusta mucho, me ayuda a disfrutar del viaje, y me lo paso muy bien con la investigación previa. Cuando me puse a preparar Grecia 2026, me di cuenta de que el turismo en el país está bastante diseñado para un tipo de turista concreto: llega, ve dos cosas, hace doscientas fotos, come y se va. Por este motivo, por ejemplo, las entradas a los monumentos son caras, y se venden de forma individual, en lugar de ofrecer algún bono para quienes íbamos con ganas y tiempo de patrimoniar. Después nos hemos ido enterando de que en el último año el país ha dado subido los precios de las entradas hasta un 100% para empujar la economía por aquí.

Esta Atenea me dejó a dos velas Esta Atenea me dejó a dos velas

También dediqué algo de tiempo a investigar lugares de pajareo. La web que solemos usar mostraba zonas de pajareo mayoritariamente en la costa helena. Yo supongo que esto es debido a que los birding spots los dan de alta extranjeros de vacaciones o tal vez que los pájaros prefieren la playa y no queda ninguno, NINGUNO, en el interior.

Bueno, quedaba uno Bueno, quedaba uno

Anecdotilla: Pocos días antes del vuelo, la aerolínea nos ofreció facturar nuestro equipaje. Como sospeché que igual había overbooking a causa del volcán de Sicilia y el impacto en los vuelos, decidimos facturar, con la idea de que una vez facturado, no nos iban a dejar en tierra. Entonces llegamos a Atenas y recibimos un email: han perdido el equipaje de Álex. Infartito y a las 00:30 a ver cómo reclamar la maleta perdida. En ese momento apareció mi duffel en la cinta transportadora, seguido de… ¡el duffel de Álex! No hubo pérdidas que lamentar, excepto la cabeza del que ideó el sistema de avisos de esa-aerolínea-de-la-que-usté-me-habla.

Ay, las cabezas Ay, las cabezas

Y ya sí, ¡estábamos en Atenas!

Piedras, piedras everywhere... Piedras, piedras everywhere...

Los yacimientos

Ir a Atenas, significa ir a ver yacimientos. El caso es que hay un montón así que hay que elegir. Varios de los yacimientos se pueden ver bastante bien desde fuera, así que algunos de ellos los visitamos de pasada nada más.

Templo de Zeus Olímpico y Arco de Adriano

En pie quedan unas cuantas e impresionantes columnas, pero que están cubiertas con andamios por restauración, así que aprovechamos que hay una vista estupenda desde el Arco de Adriano para bichear un poco las columnas.

Me paso vuestras opiniones por el arco Me paso vuestras opiniones por el arco
de Zeus de Zeus

Biblioteca de Adriano y Ágora romana

La biblioteca, también llamada de las Cien columnas (no las conté pero creo que era una forma de hablar), albergaba la colección de libros de Adriano, su precursor. Además de almacenar libros, también era sitio de convenciones y se juntaban los atenienses a comentar que el Nobel de Literatura es woke, y que desde aquel año glorioso que le habían dado el galardón a Homero, la akademia había perdido todo el prestigio que alguna vez llegó a tener.

Homero sí que era universal y no hablaba de la menstruación Homero sí que era universal y no hablaba de la menstruación

Al sur de la biblioteca, se encuentran los restos del ágora romana, y se nota a la legua que a los atenienses les gusta más la otra, la antigua, la tradicional. Un ágora como mandan los cánones de Policleto. También la vimos desde fuera porque no queríamos ofender.

Ágora antigua

Otros yacimientos sí que visitamos. El ágora antigua me impresionó mucho. Las dimensiones del conjunto sobrecogen. El ágora antigua venía a ser una mezcla de parque de atracciones y zona de tardeo para atenienses. En lugar de un karaoke, tenían muchos sitios desde los que dar chapitas. Había un mercado donde tomar un vermut y despotricar de Pericles. Donde Port Aventura tiene el Dragon Kahn para las emociones fuertes, a los ciudadanos por excelencia les daba frenesí relegar al ostracismo a algún vecino.

En el ágora, destacan dos edificios por encima del resto de restos (#patapumpish). Por un lado, la stoa de Átalo, que es un enorme soportal donde podían mercadear a resguardo de las inclemencias del tiempo, y que actualmente alberga el museo del ágora. Está totalmente restaurado, lo cual permite un paseo muy inmersivo entre sus columnas.

Me quedé stoa loca Me quedé stoa loca

Por otro lado, el Templo de Hefestos, que se yergue imponente y que pretende competir con el Partenón, en la colina que tiene a sus espaldas.

Próxima temporada de Forjado a Fuego, versión Hefesto Próxima temporada de Forjado a Fuego, versión Hefesto

La audioguía es un despropósito, y ni un folletico te dan. Aun así, el paseo entre las calles de lo que debió ser merecen mucho la pena en mi opinión.

La Acrópolis

Desde luego, no podía (ni quería) no visitar la Acrópolis en mi primerita vez en Atenas. Es la joya ateniense y un enclave mundialmente famoso, por la arquitectura, por el contexto histórico, por el arte que favoreció, por el lugar donde se construyó… todos los elementos propios y ajenos hacen que la visita a la Acrópolis sea un imprescindible.

Accedimos a la Acópolis por la entrada sur y rápidamente nos encontramos con el Teatro de Dionisio. Todo está en constante restauración, así que casi todos los monumentos se ven desde una distancia prudencial.

Seguimos subiendo hasta el camino que recorre la ladera sur de lado a lado. Al sur del camino se encuentra la Estoa de Eumenes, que estaba totalmente cerrada a las visitas.

A nuestra izquierda, vimos varios templos, como el de Asclepio, del que apenas queda la estructura y exige un ejercicio de imaginación importante.

Al final del camino nos topamos con el Odeón de Herodes Ático, un teatro enorme que está prácticamente entero. Aunque en 2026 está cerrado por restauración, en la actualidad se le da uso como escenario para teatro, conciertos y espectáculos. Me quedé con ganas de escuchar música desde los (in)comodísimos bancos de mármol, con vistas de Atenas y al fondo el Pireo.

Y ya después enfilamos la subida final, la que nos llevó hasta el Propileo, la majestuosa entrada, entre cuyas columnas transitamos para entrar en la zona amurallada. Desde la base del Propileo, hay unas vistas magníficas, aunque lo importante estaba siguiendo por las escaleras y más allá de las columnas de bienvenida.

Desde la explanada superior de la Acrópolis se ubican fácilmente los grandes monumentos. El Erecteion con las cariátides estaba a nuestra izquierda.

Anecdotilla: Cuando estábamos buscando un ángulo para hacer fotos al Erecteion, asistimos a un intercambio algo desconcertante: unos turistas se hicieron una foto, haciendo alguna tontería pero sin sobrepasar los límites del monumento, y una guardia les dio el alto y les hizo borrar fotos. Como ahora ya soy una señorona, me acerqué a preguntarle a la vigilanta. Aunque la cuestión podría ser tensa, la mujer vio que iba con genuina curiosidad y me contestó de mil amores: resulta que en la foto habían sacado la lengua, lo cual se entiende como una falta de respeto al templo. Ojo que no es un templo “en activo” y no es que haya muchos feligreses del Dodecateón, pero aun así, la visita obliga a ser solemne. Lo divertido fue que la celadora no sabía decir en inglés “sacar la lengua”, así que tuvo que realizar el acto de sacar la lengua para indicarme a qué se refería. Como este acto en sí mismo es una falta de respeto, ella dio la espalda al templo y se cubrió la boca con las manos para que solo yo pudiera ver el pecado venial.

En frente, al fondo, la base de una torre, donde se iza la bandera griega y desde donde también tuvimos unas vistas alucinantes de la ciudad.

Y a nuestra derecha, el gran Partenón. No es difícil entender por qué causa tanta fascinación: se aprecian la belleza arquitectónica, las matemáticas que había detrás de todo el clasicismo griego, el ritmo escultórico, el enorme simbolismo, y un mensaje colosal. Parece construido en una época en la que los atenienses no pensaron que dejarían de ser hegemónicos. Es soberbio en toda la polisemia del término.

Y sin embargo, no me ha emocionado. Transitar el Propileo me sobrecogió más que ver el Partenón. Según lo veo, tiene que ver con cómo experimenté la visita. La entrada a la acrópolis se hace entre las enormes columnas, tal y como hacían los atenienses. Es imposible abstraerse de su dimensionalidad: tras una azarosa subida, esas columnas me dieron la bienvenida, un poco de sombra para refrescarme, un minutito para descansar. Diminuta entre los grandes bloques de mármol, pero también resguardada bajo su estructura. No he necesitado entender el monumento, lo he sentido. El Partenón, por otro lado, se ve desde (suficientemente) lejos como para que estas emociones no (me) sucedieran.

Como curiosidad y para que no penśeis que soy una hater, desde donde sí me emocionó el Partenón fue desde la Colina del Pnyx. Una vista dramática del monumento, que, visto en poca definición, me permitió soñar con los viajeros que se acercaban hace dos mil quinientos años a ver cómo resplandecía la Acrópolis a la hora dorada. En esa colina me mato, nunca mejor dicho.

En nuestros paseos por las colinas alrededor de la Acrópolis, nos acercamos a un sitio emblemático, aunque no sé si constituye un yacimiento como tal. Se trata de la prisión de Sócrates. No es que la hiciera él, es que ahí le encerraron por señoro. Justo cuando estábamos frente a las celdas, vimos a un señor griego super agitado hablando con otro y pillamos algunas palabras, como “democracia” y bueno, le pedimos un autógrafo (todo palabras que compartimos de forma literal) pero no entendió por qué queríamos que firmara como Sócrates.

¡Oh, Kritón! le debemos un gallo a Asclepios ¡Oh, Kritón! le debemos un gallo a Asclepios

Los museos

Vengo a abrir un pequeño melonar. Si voy a un museo y descubro que su función principal es a) exponer cosas a diestro y siniestro sin una visión o b) molarse a sí mismo, ese museo ya me pone un poco de malas. Si encima, no le pone ningún cariño a que los vistantes aprendamos en el tiempo que podamos dedicarle, entonces ya pido el libro de reclamaciones y me pongo hecha un basilisco, que, antes de que digáis nada, es una forma de ser cortés con las costumbres griegas. Esto ya lo dijo Plinio. Plinio el Viejo, que todo queréis saberlo. Confío en que estas comedidas opiniones sirvan para poner en contexto cómo fueron mis visitas a los museos de Atenas.

El Museo de la Acrópolis alberga los restos de bajorrelieves y esculturas halladas en las excavaciones de la Acrópolis. Todo lo que no expoliaron los británicos. Que ya que estáis por aquí, británicos, devolved los frisos del Partenón, que tenéis más cara que espalda. Estas piezas ayudan a entender mejor la visita del yacimiento, como una capa más de información, sobre religión, política, vestimenta, costumbres…

Es un museo de concepción moderna, y aunque esencialmente es una exposición, las piezas en el espacio no se amontonan. El museo usa la luz natural para favorecer un paseo entre las piezas. Además, cuenta con varias audioguías, desde la que te lleva por una selección de piezas hasta la que entra en mucho más detalle.

Me gustó mucho como complemento a la visita a la Acrópolis. Creo que se quedaría flojo sin la visita a los grandes monumentos.

Alejandro el Grande junto al busto de Alejandro Magno Alejandro el Grande junto al busto de Alejandro Magno

También visitamos el Museo Arqueológico Nacional, considerado como uno de los mejores museos del mundo. Esto es porque no me preguntaron a mí.

Cuando pregunté por una visita “selección”, me dijo que la audioguía son trece horas (lo dijo sin sonrojarse siquiera) y que fuera eligiendo lo que quería. Por ejemplo, tienen una exposición de unas veinte salas con, atención, unas mil esculturas, desde el S.VIII aC hasta el S.V. ¿Qué demonios haces en veinte salas con mil esculturas de más de diez siglos y civilizaciones completamente distintas cuyo hilo conductor es “que el museo las colecciona”? Es puro ruido. Y ni un mapa decente te dan. Ni una introducción.

Me sentí super frustrada y así no es forma de gastar el tiempo y el dinero. Así que me senté y busqué información sobre el museo y sobre las exposiciones. Elegí tres cositas y les dediqué tiempo y atención. Al final saqué adelante una visita bastante maja.

Como el museo alberga la llamada Máscara de Agamenón, estuvimos un buen rato aprendiendo sobre la cultura micénica, su apogeo y cómo transicionó hasta la época clásica de Atenas.

Con ese contexto, pudimos disfrutar de las joyas, armas y ánforas ricamente decoradas de la época micénica.

Más o menos en la misma época (desde la Edad de Bronce) se desarrolló la cultura de las Cícladas, famosa por las figuritas con los brazos cruzados y que se mencionan como inspiración para el cubismo de Picasso.

De las mil esculturas, elegimos dos (¡dos!), con un criterio impecable: ambas son de bronce y ambas se encontraron en la misma zona. Por un lado, el Jinete de Artemisión, una escultura en bronce maravillosa, donde destacan las facciones y la expresión del caballo en movimiento y tensión…

… y por otro lado la figura de Poseidón de Artemisión (o Zeus), cuyos más de dos metros impresionan mucho.

Con esto y con, prácticamente, nada más dimos por finalizada la visita a la exposición. Después nos acercamos a la tienda donde me reconcilié fuerte con el museo porque es fantástica y pudimos comprar algún recuerdo.

Lo que no fue Pericles

Aunque la Grecia clásica constituye la mayor parte de la oferta turística en cuanto a patrimonio, tuvimos alguna oportunidad de asomarnos a otras épocas de la ciudad.

De su pasdo bizantino, quedan unas cuantas iglesias ortodoxas. Una de las más conocidas es la Iglesia de Panagia Kapnikarea, en el corazón del Barrio de Plaka. Se cree que fue erigida en el S.XI y que se construyó sobre una ermita dedicada a Atenea o Deméter. La contaminación ambiental, la vibración del metro que pasa por debajo y el descuido han dejado los recargados frescos en una situación muy delicada.

En la Colina de las Musas, de pronto una placita con bancos y la Iglesia de San Demetrio que llama la atención por la técnica construtiva.

Y nos dejamos llevar al S.XIX ateniense, con una visita guiada al Observatorio Nacional de Atenas. Se creó tras la liberación del Imperio Otomano y se usó como instrumento para impulsar la economía griega. En sus orígenes, ayudaba a la medición del tiempo y actualmente es la sede de varios grupos de investigación: sobre física cuántica, sobre seísmos, astronomía…

Tras la visita, y con la suerte de que se había despejado el cielo, pudimos ir a la cúpula donde ver Saturno desde un telescopio de comienzos del S.XX.

La ciudad

También paseamos la ciudad de forma menos orientada. Caminamos la zona comercial, que es como el resto de zonas comerciales, pero con olivos.

Comimos bajo una sombra agradable en la Plaza Sintagma.

Vimos el cambio de guardia junto al monumento del soldado desconocido.

En la calle-lle, veinticuatro-tro En la calle-lle, veinticuatro-tro
ha habido-do-do un asesinato-to ha habido-do-do un asesinato-to
una vieja-ja mató un gato-to una vieja-ja mató un gato-to
con la punta-ta del zapato-to con la punta-ta del zapato-to

Álex se tomó algún frappé porque, atención, es un invento griego. También paseamos por el jardín nacional, donde pude poner nombre a todas las galápagos que viven en el recinto.

Subimos a la Colina de las Musas a ver el atardecer sobre la Acrópolis y a hacernos foticos.

Paseamos por los barrios fancy Monastiraki y Plaka, llenos de rincones recoletos (tourist trap), con encanto (tourist trap), y restaurantes cuquis (super tourist trap).

Y luego estuvieron los gatos. Muchos gatos, por todas partes. En general con agua y comida. No sé en qué régimen están censados en la ciudad, pero son los dueños abslutos de las calles y los monumentos y ni turistas ni locales nos pudimos resistir a sus encantos.

Y casi tan bonico como un gato, aquí el Equipo Tontako:

Y si queréis ver más fotos de estos días, aquí os dejo el álbum completo de Atenas. El viaje continúa por el Peloponeso, ¡no os lo perdáis!

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