Tercera parte del viaje a Grecia 2026, donde fuimos hacia el norte y hubo varias sorpresas.

Isla Lefkada

Como avisé en el post anterior, íbamos con la idea de visitar las más de seis mil islas que pertenecen a Grecia. Aquí incluyo todas las islas, islotes y gabarras que ondean la bandera blanqui-azul. No íbamos a dejar ni una sin visitar. Decidimos entonces que no somos unos nobles del S.XIX con tiempo infinito para viajar y que mejor elegíamos un par y contentos. Así que elegimos las islas Léucade y Cefalonia dentro del archipiélago de las Islas Jónicas. A priori pensamos que eran menos atractivas para el turismo y que estaríamos más trankis. Lo cierto es que super listos no fuimos. Por si fuera poco, tuvimos que renunciar a ir a Cefalonia porque fuimos en temporada tan baja que no había forma de coordinar los paupérrimos horarios del ferry.

Como el atractivo fundamental de Cefalonia era el pajareo, buscamos alternativas improvisadas en Léucade. No encontramos nada concluyente, pero nos lanzamos a zonas que entendíamos que podrían reunir avifauna, a saber: marismas malolientes. No fue una “caza” pajarera espectacular, pero pudimos ver algunas aves por primera vez, como ¡el pelícano ceñudo! Impresiona mucho el tamaño que tiene.

Léucade es una isla muy pequeña. En principio es poco conocida por el turismo español aunque es un sitio muy frecuentado todo el año por turistas del norte de Europa. Tiene algunos monasterios ortodoxos que se pueden visitar, pero el reclamo principal son sus playas. Visitamos el Monasterio Faneromeni, que tenía unas vistas espectaculares de la costa y que cuenta con una vitalidad muy evidente.

También tienen una especie de zoo, con distintas aves, pequeños mamíeros, incluso algún córvido. La verdad es que estos lugares me provocan muchísimo rechazo. Sé que hay instituciones que rescatan animales que ya no pueden volver a su hábitat de forma savaje, pero aquí tenían muchos pajaricos locales que volaban perfectamente… En fin.

Y como donde fueres, haz lo que vieres, el Team Tontako se mezcló como un turista playero más y fuimos ¡a dos playas! No entendimos bien por qué pero, a pesar de ser fin de semana y de que nos hizo un tiempo excelente, nos encontramos con poca gente en la playa. Ni siquiera en Porto Katsiki, considerada una de las más bonitas de Europa, tuvimos mucha compañía en la playa.

Y como nunca viajo sin mis gafas de eclipse, pudimos quedarnos a ver un atardecer maravilloso, increíble, alucinante, romántico, introspectivo, mágico, dorado, etéreo, marítimo, pleamárico, majestuoso… Vamos, que estuvo bien pero que los atardeceres están sobrevalorados.

Encontramos otra playa que la vendían super bien: “se llega fácil pero no tiene tanto encanto”, “agua muy limpia pero menos instragramable”. Obviamente, allá que fuimos a la Playa Kathisma. En esta playa echamos el día como quien dice. Llegamos por la mañana y pillamos hamacas con sombrilla. Estuvimos leyendo, paseando por la playa de guijarros y bañándonos, ya que hacía calorcito y el agua estaba buenísima.

Fue un día de relax total, porque las playas siguen siendo altares al aburrimiento, cosa que digo como algo positivo. Me permitió disfrutar de no hacer nada, cosa poco habitual en un viaje donde tiendo a querer “hacer cosas”, y me sentó genial.

También nos quedamos a ver el atardecer porque había que aprovechar hasta el último rayo de sol:

Pajareo en Amvrakikos

Dejamos atrás el caribe griego e hicimos una parada en el Amvrakikos Wetlands National Park, una gran marisma que además tenía zona de pajareo. Fue de nuevo parada muy improvisada, y tuvimos alguna de cal:

y alguna otra de arena:

A veces esto también es pajarear A veces esto también es pajarear

Zagori

En Aparggeli pusimos nuestro campamento desde donde conocer la Garganta del Vikos. Se encuentra en la región de Epiro, al noroeste del país, dentro del Parque Nacional de Vikos-Aoos, en una zona montañosa conocida como Zagori. Se trata de un enorme cañón de roca caliza, uno de los más grandes del mundo, donde poder hacer senderismo y disfrutar de las vistas desde los miradores.

El primer día llegamos ya después de comer, así que nos dio tiempo a un paseo breve por Monodendri. Os aviso desde ya: había más de un árbol. Sí, lo confirmé. Sí, sugerí que cambiaran el nombre a Polidendri. No, no me hicieron ni caso. Desde el pueblo sale un camino de caliza super sencillo de seguir bajo la sombra de los árboles hasta un monasterio. Me dio la impresión de que no tiene habitantes, pero tampoco estaba abandonado.

Desde el monasterio había unas vistas alucinantes del cañón.

También en esa misma área hay una zona llamada el bosque de piedra, que yo pensé que eran árboles fosilizados pero no, son unas formaciones rocosas muy particulares. Surgieron hace una o dos décadas de la erosión del agua (como casi todo en la vida).

Al día siguiente hicimos La ruta de los puentes de Zagori, que pasa a ser una de mis favoritas desde ya. Es una ruta muy bien señalizada y que discurre por bosques de hayas y robles y con unas sombras maravillosas.

Algunos tramos va a nivel del cauce (seco) del río y con sube-y-bajas, otras veces se cruza el río por los famosos puentes. Todos están transitables, en particular si no aprecias tu vida.

Anécdota: por la tarde-noche, después de una ruta estupenda, y de alguna visita más, estábamos en el hostal leyendo un rato. Es una actividad que, de normal, hacemos en silencio. Pues justo vino el dueño del hostal y pensó que estábamos con los móviles y se puso a darnos una perorata sobre la adicción a los móviles. Fue innecesariamente ultra-cuñado. Y, como no tenía yo ganas de ponerme beligerante, me puse random: le hablé de otras adicciones y le pregunté si luchaba contra todas ellas por igual. De pronto saltó a la IA y nos dijo que ya no íbamos a trabajar más. Le conté que era un sueño que yo, personalmente, compartía con Karl Marx. Resulta que, oh sorpresa, este señor no era fan de Karl Marx. Entonces nos dijo que, en su opinión de británico gestionando un hostal en Grecia, los que recogen basura son más felices que quienes se dedican a la informática (estos son los peores) porque al menos hacen algo con sus manos. Ahí descubrí que puedo parpadear de forma significativa.

Metsovo

Dejamos atrás el punto más al norte del viaje, e hicimos una parada breve en Metsovo. Metsovo es uno de los pueblos de montaña más bonitos y característicos de Grecia. Se encuentra en la cordillera del Pindo, a unos 1.150 metros de altitud, entre Ioánina y Meteora, en un paisaje de montañas, bosques de abetos y valles profundos. Se parece más al arquetipo de pueblo alpino que a los pueblos blancos y azules costeros.

Metsovo es conocido por su importante herencia aromuna o valaca, una comunidad con una lengua y unas tradiciones propias, históricamente vinculada al pastoreo, el comercio y la artesanía.

Los viejos del lugar hablan un dialecto con toques de albanés y que no tuvo desarrollo escrito.

De su naturaleza pastoril, también tienen mucha elaboración de quesos, y el equipo tontako aprovechamos para hacernos una pequeña cata, que estuvo fenomenal.

Meteora

Y así llegamos a otra de las “visitas obligadas” al ir a Grecia. Se trata de la zona de Meteora. Meteora significa “unos pedrolos del carajo que enviaron los dioses para que nos apeteciera ir a rezar ahí”, pero el griego es un idioma sumamente compacto y les quedó un nombre así impactante. En realidad, no son meteoritos, sino conglomerados y areniscas resultado de la sedimentación en el S.IV o incluso antes.

Allá en el S.X, Grecia formaba parte del Imperio Bizantino, y Barnabas, un cristiano bizantino que pasaba por allí, encontró que entre las cuevas se podía vivir la contemplación super bien.

Vida contemplativa Vida contemplativa

Después en el S.XIV, Anastasio de Metora, fundó el Monasterio Gran Meteoro y esto dio comienzo a la época de construcción de monasterios en lo alto de las formaciones. Obviamente, esto no se lo cree nadie, en particular si veis los monasterios, que están en lo alto. Lo más lógico es pensar que lo desarrollaron aliens super altos que podían permitirse subir material tan arriba. Pero no es algo que yo me pusiera a discutir con los patriarcas que me iba encontrando.

(apropiación cultural...) (apropiación cultural...)

Actualmente quedan en pie 6 y son todos visitables. Las vistas desde los balcones que tienen siempre quitan el hipo. El hipo que me daban las mil (o menos) escaleras que hay que subir para llegar a cada uno de ellos.

Las iglesias de los monasterios siguen a rajatabla los preceptos del horror vacui y, como dijo Álex, “aquí tienen demasiados iconos en el escritorio”. Literal.

Delfos

La última gran visita del viaje fue el yacimiento del Templo de Delfos, a los pies del monte Parnaso. Para que ubiquéis bien el lugar, el Parnaso es la morada de las nueve Musas.

El gato Apolo El gato Apolo

Lo que se visita actualmente son las ruinas del S.VIII aC: queda la planta de lo que sería el santuario, con un camino pavimentado que iba por distintos palacios y templos hasta el gran templo de Apolo, donde estaba la pitonisa dando sus oráculos.

Según leímos, la pitonisa daba sus adivinaciones como gritos histéricos que los sacerdotes interpretaban y entregaban al peticionario, a menudo en forma de versos con significado ambiguo.

Tu ejército mola mogollón pero vas a caer, campeón Tu ejército mola mogollón pero vas a caer, campeón

Además resulta que el yacimiento de Delfos es un sitio de pajareo top y entre ruina y ruina, íbamos oteando por si veíamos pajaricos. ¡Y vimos un montón! Pudimos observar de cerca tanto al roquero solitario como al trepador rupestre occidental.

Y siendo como soy la mejor pitonisa, sé que lo que ahora queréis es… ¡el selfie tontako!

Y si queréis ver más fotos de estos días, aquí os dejo el álbum completo de “Hacia el norte”. Aún queda un pequeño post con generalidades y el detalle del presupuesto. Si has llegado hasta aquí, ¡querrás saber cuál es el IVA de la CocaCola!

Índice de posts de Grecia 2026

  1. Ελλάδα 2026 - Αθήνα
  2. Ελλάδα 2026 - Πελοπόννησος
  3. Ελλάδα 2026 - Hacia el norte
  4. Ελλάδα 2026 - Itinerario y pecunia