Hoy tocaba el día entero en Carcassonne; ciudad medieval que es el icono más visible del país cátaro. En realidad la mayor parte de lo que se visita es una reconstrucción del S.XIX, pero aun así es impresionante:

No le faltan ni las catedrales, ni los castillos, ni los mercaderes ni los comerciantes... No le faltan ni las catedrales, ni los castillos, ni los mercaderes ni los comerciantes...
Aunque no se han dedicado a fondo a la expansión de granjas Aunque no se han dedicado a fondo a la expansión de granjas

Como estamos en temporada bajísima, había poca gente, sin colas y una visita tranquila. A cambio, no teníamos opción de visita guiada, así que hemos usado la audioguía. Y como estamos haciendo horario español, a las 14:30 andábamos buscando un sitio donde nos dieran de comer. Hoy era el día en que yo probaría el cassoulet. Tiene entidad propia, número de dni y por su consistencia, tiene un lugar en la tabla de los símbolos, junto al iridio. ¡Pero qué rico estaba el cassoulet!

Es un potaje típico con alubias, pato y butifarra (ellos lo llaman salchicha carcasona, dime de qué presumes…). Lo mejor es que tiene nombre del enser de cocina, así que está a la altura del puchero o de la paella:

Lo gratinan con pan rallado para que quede más suave y digestivo... Lo gratinan con pan rallado para que quede más suave y digestivo...

Después más paseo por la ciudad intentando bajar la comida, cachés, más paseo y a cenar con nuestro amigo de Lorena que ya nos ha recomendado “la ciudad más bonita de Francia”, a la que mañana tocará ir