Por variar un poco de escenario navideño, Alex y yo nos hemos venido a pasar unos días a los Cátaros.

La elección no fue fácil; estamos hablando de una ruta que rememora y casi encumbra 40 años (o incluso menos) de herejía cátara. Y ya sabéis que yo con las herejías no puedo; pero es que Alex se empeñó. Y me dijo que habría tarta tatín y crepes. Herejías de las buenas.

El camino hasta Albi estuvo lleno de paisajes preciosos: las llanuras francesas acompañadas por el muro pirenaico a nuestra derecha, nubes que daban al ambiente un toque casi mágico, y puntuales puestos de peaje que te hacían sangrar las llagas. Exagero un poco para darle emoción. No habrán sido más de 200 ó 300€ de peaje.

Albi es tenida por la capital histórica de los cátaros, pues aquí tuvo lugar el concilio que daría comienzo con el movimiento cátaro o albigense. Para que os hagáis una idea de cómo estaban las cosas por el S.XII, estos monjes se pusieron maniqueos y radicales; se quejaban de la ostentación de la iglesia y de la relajación del sacerdocio. Proponían una doctrina mucho más pura en la que anclaban lo carnal al pecado; de forma que procrear era pecado. Para todos. Cómo se os queda el cuerpo. Proponían que nadie procreara. Me pregunto por qué se extinguieron, claro.

El caso es que tras la época herética, en Albi construyeron una catedral gótica muy atípica, y que merece la pena visitar. La audioguía es un completo repaso por lo píos que son todos los apóstoles: mucha chicha religiosa, pero poca histórico-cultural.

Todas las paredes profusamente pintadas en el S.XVI, en apenas 4 años. Es un “Dónde está Wally” a lo católico. Todas las paredes profusamente pintadas en el S.XVI, en apenas 4 años. Es un “Dónde está Wally” a lo católico.

Después de fallar miserablemente buscar infructuosamente un caché, hemos salido pitando hacia Toulouse donde nos esperaba nuestro anfitrión de AirBnb. Bueno, su novia. Bueno, la amiga de la novia. El caso es que hemos conseguido las llaves de la casa. Pero no sabíamos qué casa era. Tal cual. Teníamos el portal y un juego de llaves. Y nada más.

  • ¿Qué hacemos con las llaves?
  • Las probamos
  • ¿Todas? ¿En todas las puertas del portal?
  • No hombre, primero llamamos y si no hay nadie, intentamos entrar
  • ¿Y si hay alguien?
  • Salimos pitando
  • Con las maletas…
  • Silbamos con disimulo
  • Ahá…

Por cierto, las llaves:

Todo bien Todo bien

La cuestión ha sido que no teníamos muchas más opciones que probar todas las llaves en todas las puertas. Alguno se dirá, “hombre, teníais el teléfono de la anfitriona, que además es muy maja y os podría haber dado la indicación concreta”. Y a todos esos yo os digo: “a buenas horas mangas verdes”. Y en estas estábamos intentando abrir la primera puerta del primero. Y alguien entra al portal. Debía medir 12 metros y sacaba espuma por la boca. Para que os hagáis una idea:

Atentos a su amenazante mirada. Temí por mi vida. Atentos a su amenazante mirada. Temí por mi vida.
  • ¿Pog cuá intenté entrar en mi casá?
  • Porque no sabemos dónde tenemos que ir
  • Jugaguía que ahí en mi casá es mal lugag
  • Lo sentimos, señor grande, ¿sabe dónde vive Delphine?
  • Pog supuestó, vive ahí
  • ¿En el patio de los contenedores?
  • Investigád y sobgue todo, dejád mi puegta en pass

Pues no era el patio de los contenedores sino el patio donde había un gato y una casa. ¡La nuestra! yuhu! ¡Albricias! Después, paseíto por Toulouse: al igual que en Albi, había apenas gente por la calle, solo las tiendas para quienes el 25 de diciembre es tanto como el 25 de octubre. También había un supermercadillo navideño para quienes el 25 de diciembre es un día señalado. Unos crepes y a dormir. Para mañana tenemos previsto otro paseo por la ciudad y encaminarnos hacia la ciudad donde hay meeples que te roban los pastos: Carcassone

Ps: acabo de descubrir que aquí os ponen anuncios, ¡a vosotros mis (2) fieles lectores! (y uno es un bot, lo sé). El caso es que migraré el blog a mi servidor y nos ahorraré a todos la publi.