Hacía tiempo que un compi me había recomendado visitar la Cueva de Valporquero así que aprovechamos el finde largo que teníamos en Marzo para ir a conocer la zona. Cogimos una casita rural en Villanueva de Pontedo, en la zona de Los Argüellos, como base de operaciones montañeras. Las vistas desde la casita solo auguraban cosas buenas:

El sábado tocó madrugar para hacer una visita muy especial de la Cueva de Valporquero; desde junio de 2016 han puesto en marcha una visita a las cuevas en grupos reducidos (máximo 12 personas). El madrugón se debe a que se accede cuando no hay ninguna otra visita, de forma que estábamos solos en toda la cueva. El guía nos dio unos frontales y con ellos accedimos a la cueva, totalmente a oscuras, “como los antiguos exploradores la iban descubriendo”. El camino de salida sí se hace ya con las luces de la cueva encendidas, y con otros grupos visitando el lugar, con lo que el contraste es enorme. En el camino de ida, se siente la opresión de la oscuridad, hay que aguzar el oído y escuchar el torrente de agua, percibir los olores y el tacto frío. En el camino de salida, se disfruta la inmensidad de las salas, los espeleotemas o el agua erosionando la roca. Muy recomendable :) Para la visita Valporquero insólito conviene adquirir la entrada con antelación.

A la entrada de la cueva nos dieron frontales, y alguien (alguien) decidió que era buena idea que nos los quedáramos. ¿Alguna vez habéis huido de una cueva llena de turistas perseguidos por espeleoguías? Se me ponen los espeleo-pelos de punta al recordarlo… De nuevo salimos a la luz y aprovechamos para acercanos a una atalaya cercana, donde la altura nos daba unas vistas muy sugerentes. Y un caché, también nos dio un caché.

Tras reponer fuerzas al estilo leónes, cogimos una pequeña carretera panorámica, que nos llevó por pueblos pequeños y grandes vistas hasta Ciñera, donde teníamos previsto pasear por el impresionante faedo de Ciñera, hogar del haya más antigua de España, de más de 500 años. Es un paseo bien señalizado y habilitado que discurre entre árboles y arroyos.

El sábado fue un día con muy buenas sensaciones, así que nos vimos con muchas ganas para la ruta fuerte del domingo. Nos pusimos en marcha por la mañana pronto; primero un camino bien señalizado y poco exigente; después un hayedo muy cerrado con pequeños torrentes de agua debidos al deshielo. Salimos del hayedo y dimos con un claro en la montaña que nos llevó hasta un collado con unas vistas que no dejaron de sorprendernos en ningún momento. Aquí podéis ver las dos rutas:

No pudimos terminar la ruta prevista por la nieve-hielo que había desde el collado hasta la cresta, que nos impedía avanzar con una mínima seguridad. Nos quedamos a deber esta ruta para otoño, aunque las sensaciones del hayedo y del collado fueron realmente buenas.

Y con estas buenas sensaciones, y con otra comilona a la altura de la ruta, nos despedimos de las montañas leonesas para visitar la capi. Pero no me despido sin el selfie de rigor:

Y el resto de foticos…