Oporto by day and Oporto by night. Oporto enterico, vamos. Es una ciudad pequeña que se puede recorrer en un día. Varias veces. Hemos entrado en todas las iglesias y que podíamos, pero solo han ardido dos. Una por un tipo pirómano y no por nuestros hyper pecados. En todo caso, es una historia falsa.

La ciudad se recorre fácilmente, una vez que te acostumbras a que en todo momento estarás o subiendo o bajando; tal vez las dos a la vez, la ciudad no es llana ni junto al Douro. Marta y yo vamos con miedo de tropezarnos, caernos al Douro sin remedio y llegar al mar.

Oporto cuesta arriba. Si te pones arriba, entonces es cuesta abajo Oporto cuesta arriba. Si te pones arriba, entonces es cuesta abajo

Oporto está como roto. En el centro hay muchísimos edificios completamente abandonados (desde mucho antes del rescate) y muy rotos; incluso los que están en uso muestran un deterioro bestial. Es como si estuvieran dejando que Oporto se muriera de viejo. Con todo es una ciudad bonita, la hemos pillado en un momento muy bueno con conciertos y exposiciones en la calle.

Oporto a orillas del Duero Oporto a orillas del Duero

Uno de los sitios emblemáticos de Oporto es la Librería Lello (c/ Carmelitas): las fotos que te encuentras por ahí no le hacen justicia: es mucho más fea. La selección de libros no tiene ningún sentido y la música estaba a tope… No transmitía ninguna sensación de sobriedad, de recogimiento, de academia. Un tipo con un abanico que solo sabía decir “no pictures” nos perseguía por la tienda, así que Marta y yo anduvimos un rato cambiando libros de sitio, poniéndolos al revés… muy a lo loco.

Por la noche empezamos con un vinho verde semiseco, que nos tomamos durante la cena y llegamos al primer mojito animadas. Entramos en el primer bar. Había que sentarse. Pues nos sentamos. Pedimos. Notábamos algo raro, y zasca. ¡se puede fumar en los bares! La gente estaba fumando dentro del bar. Y luego nos sorprenderemos de que les rescaten. A cambio, esta primitiva gestión del cáncer de pulmón viene acompañada de una costumbre mucho más sana: beber en la calle. Sí señor. Cubata y a la fresca. Luego nos rescatarán y nos preguntaremos por qué: porque en España no se bebe en la calle. No digáis que no avisé.

Entre bar y bar, nos encontramos con esta señal divino-portuguesa:

Sociedade de Borrachas Sociedade de Borrachas

e hicimos lo posible por honrar las señales. Menos mal que no teníamos 3G para tuitear lo que sucedió después…

Hoy toca Guimaraes, Braga y Vila do Conde, donde espero encontrar un conde con una villa. Y lo que surja.