Creo que puede estar bien recopilar, aunque sea de forma caótica, información útil e impresiones generales. Por si alguien se anima al viaje tal vez le sirva.

Portugal me ha encantado. Tiene unos paisajes espectaculares, aunque no está explotado en la forma que yo más lo podría disfrutar; la gente es profundamente educada. Nos habían dicho que los portugueses conducen fatal y lo que yo he detectado es que en todo caso, conducen mejor que en España. Apenas vimos locos en las autopistas, por ejemplo. Las ciudades sí son más caóticas: la gente aparca donde le sale del higo y hay un poco de fluir según se vea, pero nadie pita, ni se estresa si tardas más en aparcar, ni te pone malas caras. En los restaurantes nos han atendido muy amablemente también. Una señora, en su coche en medio de una cuesta hiper jodida, se paró para preguntarnos si necesitábamos ayuda. En fin, que me han parecido muy buena gente.

En los restaurantes tienen una costumbre que no nos ha terminado de encajar: te sientas, te ponen aceitunas y pan con mantequilla. Sin que lo pidas. Qué majos. Pues luego te lo cobran. Puede no ser mucho (3€ de media), pero la sensación es un poco de que te toman el pelo. En un sitio no fue exactamente “sensación” por cuanto que nos clavaron 15€ por “cubierto” (estos entrantecillos que aquí se llaman “cortesía de la casa” aunque es cierto que no son tan sofisticados).

Aparte, los platos típicos que vienen en las cartas, como “bacalhau” o “robalinho” (lubina) vienen sistemáticamente acompañados de ensalada y hortalizas hervidas. Tenedlo en cuenta a la hora de pedir los típicos entrantes. Marta y yo hemos terminado pidiendo un entrante pequeño, una ensalada y un segundo (todo esto para compartir entre las dos).

Los portugueses no saben hacer mojito. No os molestéis en buscar un buen mojito en Portugal, no existe. A cambio, hacen un vinho verde que acompaña estupendamente las comidas y los fados.

El agua en los grifos se puede beber, aunque Marta comentó ver mucha gente con agua embotellada; yo no he detectado más gente de la media por ejemplo. En todo caso, en todas las ciudades donde estuvimos, el agua del grifo se podía beber.

Hay muchas ópticas. Esto puede no tener sentido, pero es que había muchas ópticas. Casi tantas como tiendas de vestidos de novia. Es cierto, no tiene sentido.

La señalética en carreteras es esencialmente igual a la de España, así que se entiende perfectamente. Tened en cuenta únicamente que las incorporaciones no están tan bien diseñadas y lo mismo hay que estar especialmente atento, pero en general hemos ido estupendamente.

Los portugueses no son guapos. Nos dijeron que son muy guapos. Marta y yo íbamos preparadas para una avalancha de tíos buenos encantados de estar con unas extranjeras cuyo país ha recibido un crédito en condiciones extremadamente favorables. Pues ni avalancha, ni tíos buenos. Sois vosotros mucho más guapos. Pero con diferencia, vaya.

Los portugueses también son un sub-grupo filogenético de los gremlins. Esto explicaría por qué a las 19 están cenando: no pueden arriesgarse a cenar cuando caiga la luz del sol. No sea que se vuelvan locos. Luego que les recatan. Ojo, los monumentos y exposiciones cierran normalmente entre las 17 y las 18. Tenedlo en cuenta para planificar las visitas.

En los bares se puede fumar. En la calle se puede beber. Ignoro si se pueden realizar otras actividades de índole menos púdica (sí, me refiero a almacigar).

El portuñol se entiende perfectamente. De ida y de vuelta.

El gaspacho no es lo que pensáis: no lo pidáis. Hemos comido muy bien y hemos bebido… mucho

En la radio portuguesa SOLO tienen dos canciones, que hemos escuchado muchas veces. Muchas. Quiero decir, que hemos gastado las canciones

En definitiva, un viaje muy recomendable y adaptable a gustos y presupuestos. Si tenéis dudas concretas, podéis ponerlas como comentarios y las responderé poco a poco. Ojo, veis que tengo una media de comentarios muy muy alta (como uno o ninguno o menos, vaya), así que no os impacientéis si tardo en contestar