Sobre las 10, ya con el sol bastante alto, cogíamos el coche para recorrer parte del valle del Draá, el río más largo de Marruecos. No siempre se divisa el río, pero es fácil ubicarlo por los palmerales que crecen a lo largo de todo su recorrido.

La primera parte del recorrido ha sido en una carretera panorámica, cruzando y recorriendo unos valles monumentales de tierra seca, que dejaban ver claramente los estratos de la roca. Nos recordó en algunas partes al Death Valley, aunque aquí teníamos la sensación de que era incluso más inhóspito. A esta parte del recorrido la hemos llamado, cariñosamente, Neo Murcia.

La ruta nos ha llevado a visitar una kasbah sin terminar y con aires apocalípticos. Parecía el escenario de un videojuego. No debe ser una visita muy concurrida, pues estábamos solos y ni siquiera nos cruzamos con el ya habitual bereber con alajas o piedras semi preciosas.

Las distancias aquí hay que tomárselas con mucha calma. La siguiente parada estaba a 80 km, que nos han llevado más o menos 1h30m. La carretera está de obras y constantemente teníamos desvíos. En el mejor de los casos podíamos ir a 60km/h. Y aun así, no ha sido ni de lejos la carretera más difícil que hemos transitado. Así que con calma llegamos al ksar de Tissergat.

En este ksar hay un museo etnológico, muy humilde, pero con muchos objetos tradicionales, tanto de trabajo, como decorativos o festivos. Muy recomendable. Ya en el último piso Kamal se nos acercó y se improvisó de guía (esto es muyyyy habitual). Al salir del museo se ofreció a enseñarnos el ksar: un laberinto de pasillos sin iluminar cuyas puertas y significados nos fue contando en francés (con traducción simultánea de Alex).

A propósito, en el sur de Marruecos, si no hablas francés o árabe, te pierdes mucho. Chapurrean inglés o incluso español, pero para una conversación más interesante, hay que tirar del francés. Kudos para Alex que empezó medio tímido y se ha ido soltando y hablando cómodamente la lengua gala.

Y a media tarde llegamos a Zagora. Es la población más grande del Valle del Dráa, aunque en sí misma no tiene más que una kasbah y un palmeral que no dudamos en pasear al caer la tarde.

Después, cena temprana en un restaurante lleno de locales, y a preparar nuestra primera aproximación al desierto marroquí. ¡Continuará! Mientras, las foticos del día (¡se me olvidó el selfie!):