El jetlag no pudo con nosotros y a media noche caímos rendidos. Por eso esta mañana pudimos levantarnos pronto, hacia las 7, para descubrir que aquí mucha gente se levanta a las 5:30. ¡Que estamos de vacaciones! Poco a poco nos iremos acostumbrando a los horarios vietnamitas.

A lo que seguramente no me acostumbre es a dos ingredientes fundamentales de la cocina vietnamita: el cilantro y el picante. Esta mañana el desayuno picaba, ¡el desayuno!

A las 8:30 salíamos a recorrer la ciudad, llena de gente y de motos, según dicen es la ciudad del bullicio. Los coches y sobre todo las motos (todo el mundo tiene una o varias) se hablan con el claxon. En plan relax ojo, “ey qué tal” (honk, honk), “todo bien, y tú?” (honk, honk), “pues voy a currar” (honk, honk)… y bueno, hay que hacerse. También hablan con los peatones cuando cruzamos la calle (¿Quién dijo miedo? Hemos visto grupos de turistas cruzar a nuestra señal). Las motos te esquivan; a los coches hay que dejarles pasar. Los autobuses no negocian con peatones.

Nos tocó acostumbrarnos rápido a las motos y al ruido Nos tocó acostumbrarnos rápido a las motos y al ruido

A pesar de la previsión de “lluvia infinita”, por la mañana nos ha hecho un sol de justicia (28ºC a las 9am) y hemos paseado por la zona histórica de la ciudad: el río Saigón, Palacio de la Independencia, museo de la guerra, la Catedral de Nuestra Señora… Un paseo por lo más destacado de la ciudad que tampoco es tanto. Evidentemente la ciudad no me ha enamorado, pero reconozco que ha sido muy amable con nosotros; las zonas de turistas no son en absoluto agobiantes, no te persiguen ni mucho menos te acosan por la calle. Salvo por algún que otro europeo despistado, éramos pocos los turistas de Europa y sí que hay mucho turismo asiático.

La influencia francesa de la que reniegan y que protegen a la vez La influencia francesa de la que reniegan y que protegen a la vez

A mediodía hemos comido en un sitio muy de locales, nadie en el restaurate hablaba inglés, salvo una comensal a la que han puesto de traductora. La comida bastante sosa, tofu y fideos blancos, que todo el mundo se comía con salsa de soja picante y que nosotros hemos tomado en su versión “tengo miedo de morir joven aunque ya es tarde para lo de joven” y se ha quedado sosilla, pero super auténtica.

Fachadas con estilo, o algo Fachadas con estilo, o algo

Al volver al hostal a recoger nuestras cosas, he probado a chapurrear alguna palabra para nuestra anfitriona y ha sido épico lo muchísimo que ha agradecido el esfuerzo y la ilusión que le ha hecho. Así que desde ya hemos incorporado “Cam on ban” para casi todo en Vietnam.

Por la tarde nos ha tocado viajar y hemos podido disfrutar de la famosa amabilidad vietnamita que nos ha ayudado en un viaje particularmente complicado. Primero hemos cogido un taxi hasta la estación. Allí debíamos coger el autobús para ir a Can Tho (3 horas de viaje). El autobús que nos ha tocado era enano, íbamos con las piernas encogidas como sardinas en lata, las mochilas encima nuestra y sudando a mares. Pero íbamos concienciados de que tendríamos que adaptarnos así que nos hemos mentalizado para un viaje incómodo. En esto que miro el GPS y no estamos yendo exactamente hacia Can Tho…

  • Alex, para ir a Can Tho yo no cogería esta avenida, sino esta otra, creo…
  • A ver yami, ya sabrá el conductor
  • Sí, sí, pero creo que este autobús es solo un transfer, que nos lleva a la estación y allí cogemos el bueno
  • A ver -cara de pocker- eso estaría bien -sus ojos brillaban de ilusión-, pero aquí hemos venido mentalizados
  • Es que -yo, erre que erre- de verdad que esta ruta no es la buena…

¡Y no lo era! Sin que sirva de precedente yo tenía razón, y el microbús del averno nos llevó a la estación donde nos tocó esperar al autobús enorme, con aire acondicionado, nos han dado agua y que en lugar de asientos normales tiene camitas, ¡¡menudo subidón!!

El tipo de atrás aprovecha para hacer abdominales. Nosotros dormimos. El tipo de atrás aprovecha para hacer abdominales. Nosotros dormimos.

Para coger este bus, el que ahora-sí nos llevaba a Can Tho, hemos contado de nuevo con la amabilidad de una mujer que nos ha preguntado por nuestro destino y cuando la megafonía ha avisado de nuestro bus, nos ha dicho “lanzaos al bus ahora” (lo ha dicho en vietnamita y con signos, dos lenguajes que entiendo perfectamente). El trayecto en autobús ha sido muy cómodo y con unas vistas alucinantes del paisaje selvático cerca del delta del Mekong. Curiosidad: al autobús se sube descalzo, y en la parada a mitad de camino, el propio conductor saca una cesta de chanclas para que los pasajeros no tengan que calzarse con los zapatos propios, sino algo sencillo y rápido. Todo el mundo coge un par de chanclas y cuando termina el descanso las devuelve.

Al llegar a Can Tho, otra muchacha amable nos ha ayudado a coger el transfer que nos ha dejado en medio de la nada, donde nos han venido a buscar. Ha sido un rato bajo la lluvia de lo más entrete. Por suerte había un puesto de carretera y nos hemos cobijado bajo la lona. Como digo, al rato ha llegado un señor en moto y nos pide que le sigamos. En medio de la noche. Y nosotros dos, que hemos venido mentalizados, pues detrás del señor. Hemos ido hasta la orilla del río, seguíamos bajo la lluvia que ha ido cogiendo fuerza, y hemos estado de charleta hasta que ha aparecido una barca. Sin luz. Pues nosotros a la baraca porque aquí hemos venido a jugar. La barca remontó el río Mekong durante una media hora hasta llegar a nuestro alojamiento de esta noche. ¡Sin luz! Ha sido una experiencia fantástica, con algunos momentos de “Alex, ¿en el Mekong hay cocodrilos?” y otros momentos de “pero qué pasada y qué miedo joder”. Por suerte hemos llegado estupendamente y en la villa nos esperaba una cena pantagruélica con la que hemos podido resarcirnos de toda la aventura.

Los entrantes 8D Los entrantes 8D

Hoy ha sido un día movido que nos ha obligado a cambiar el chip rápidamente. Hemos tenido que depender de gente con la que no compartíamos ningún idioma y que nos han ayudado con buena voluntad.

Mañana toca madrugar para ir a ver uno de los famosos mercados flotantes, con dos compañeras alemanas que están en el mismo hostal y con quien compartimos excursión.

Útil

  • Hay dos compañías de sleeping bus que van a Can Tho (y que se mueven mucho por la zona): Thanh Buoi y Phuong Trang (estos últimos se llaman Futabús). Cuestan lo mismo, unos 110000 VND por trayecto, pero los futabús son más cómodos, sobre todo si mides 1.70 m.
  • En los alojamientos pueden llamar a la compañía y reservar un par de billetes. Te dan el número de reserva y con eso puedes comprar el billete al llegar a la estación.
  • Las estaciones parecen (o son) un poco desorganizadas; ve con algo de tiempo para encontrar tu autobús porque no vas a tener muchos carteles super claros.

Y para terminar, selfie tontako ¡que no falte!

Y las foticos de Ho Chi Minh City…