La siguiente etapa en el viaje de Vietnam ha sido el parque nacional Phong Nha Ke Bang, un destino menos conocido por ahora pero que poco a poco va a ir siendo uno de los puntos fuertes para el turismo activo en Vietnam.

Como nos habíamos quedado con ganas de coger el tren, aprovechamos el trayecto de Hue a Dong Hoi (principal ciudad cerca de Phong Nha) para ir en tren. Salía a las 5:41 porque Alex ha decidido que son vacaciones de madrugar, que así hay más diversión. No la hay. Hemos cogido el tren local, sin ninguna de las opciones VIP que están un poco diseñadas para turistas. El tren está bastante sucio (a diferencia de los buses) y es más incómodo. En cierto momento, la revisora apareció con un carrito con arroz caldoso calentico (que no olía muy bien) y todo el mundo se lanzó a comprar. Trayecto curioso aunque no repetiría… Al llegar a Dong Hoi fuimos a la parada donde cogeríamos el bus hasta Phong Nha. Como es un sitio cada vez más turístico, los taxis y vehículos privados acosaban mucho pero estábamos decididos a ir “a lo vietnamita” así que nos esperamos una hora hasta que vino un autobús destartalado que nos llevó a Phong Nha.

El manto verde lo cubre todo El manto verde lo cubre todo

Phong Nha es el pueblo principal de la zona, y es donde se concentra la actividad turística. Este tupido valle, al norte de la DMZ, sufrió mucho durante la Guerra de Vietnam: llegaron a caer 7000 bombas al día y es una de las zonas donde más bombas quedan; a día de hoy siguen muriendo algunas personas cada año por bombas que estaban sin explotar.

En los años 90 vinieron grupos britáicos de espeleología porque, dada la composición caliza y kárstica de la zona, sospechaban que habría cuevas. Y vaya si las encontraron. Sistemas de cuevas realmente grandes por toda la zona, que la UNESCO ha declarado como patrimonio. A día de hoy se han encontrado varios cientos y se estima que habrá varios miles. Hay algunas cuevas con acceso super restringido y una lista de espera de un año. Desde los primeros hallazgos en los 90 esta zona fue potenciando el turismo para visitar las cuevas y hoy parece que viven esencialmente de ello. Aún están con infraestructuras pobres, tanto en cuanto a hoteles como en cuanto a servicios, pero se nota que están en fase de crecimiento.

Ayer por la tarde nos acercamos dando un paseo al embarcadero de Son Trach, donde comienza la visita a la cueva Phong Nha. Es una cueva inundada a la que se accede en barco, así que hay que comprar el ticket del barco y la entrada. Son barcos de precio fijo y capacidad para 12 personas. Al llegar a la taquilla, comentamos que queríamos unirnos a un grupo para compartir gastos; nos pidieron que esperásemos hasta que llegase más gente y nos juntaron con un grupo de vietnamitas en el barco. Tras remontar el río Chay un rato, aparece la entrada a la cueva, muy misteriosa. Según nos acercábamos veíamos cómo la cueva engullía algunos barcos y cómo otros emergían, así que había esperanza para nosotros.

El barco “dragón” nos dejó en un pequeño embarcadero dentro de la cueva, desde donde avanzamos a pie un rato a otro embarcadero mucho más pequeño. Allí unas mujeres maniobraban unas precarias barcas con las que fuimos hasta el final de la cueva transitable, a través de cavernas preciosas. La visita fue perfecta para ubicarnos en el valle y en el contexto de cuevas; eso sí, es muy caótica, sin carteles ni nadie que facilite la vida y anduvimos bastante confundidos. Yo incluso me puse a montar una cola ordenada y los vietnamitas no entendían nada, ¡en lugar de empujarnos y colarnos! Así que la recomiendo solo para rellenar hueco.

Para hoy teníamos un tour que nos ha llevado a varios sitios emblemáticos. Esta mañana nos recogió el autobús y aunque éramos un grupo reducido nos sorprendió la diversidad de edades y formas físicas. La primera visita fue a la Paradise Cave; la subida hasta la entrada se hace por un buen camino en medio del valle; la intensa vegetación está por todas partes formando un apretado manto verde. La cueva tiene 34 kilómetros, de los cuales se pueden visitar el primer kilómetro por libre (hay escaleras con barandas y buena iluminación), otros 6 kms con guía y materiales especializados, y el resto están cerrados. Es una cueva gigantesca, del estilo de Skocjan en Eslovenia, pero incluso más grande. Ese kilómetro nos llevó a través de grandes estancias con bastantes formaciones. Esta cueva merece muchísimo la pena y está muy bien organizada.

Saludamos a Durin que andaba por ahí Saludamos a Durin que andaba por ahí

Tras esta cueva nos acercamos a la “Cueva de las ocho damas”: es una cueva donde vivieron regularmente 8 mujeres cuya misión era tapar los agujeros que dejaban las bombas estadounidenses en el camino de suministros durante la guerra. Una bomba selló la entrada a la cueva con ellos (en ese momento eran 4 hombres y 4 mujeres) y murieron a los días por falta de agua y alimento. En los años 90 el gobierno abrió de nuevo la cueva y construyeron un templo para venerar a los mártires de la guerra de Vietnam. Es una visita mucho más grave, y nuestra guía, aunque era muy joven, nos transmitió mucha solemnidad.

Y después comenzaba la parte más aventurera del tour. Dejamos el autobús y cogimos una parte de esta ruta de los suministros. Un (muy) pequeño camino (muy) embarrado entre la espesa jungla que sacó a relucir nuestras modestas habilidades senderistas. Se puso a llover muy fuertemente, y a pesar del riesgo de caídas, la sensación de caminar entre esa vegetación era genial. Apenas un kilómetro de recorrido más adelante, llegamos a un claro en la jungla desde donde se accede a la tercera cueva que hoy hemos visitado: Tra Ang. Allí nos esperaba una barbacoa campestre que degustamos de mil amores (de quinientos más bien). Tras la comida, nos pusimos el bañador pues la última cueva se visita a nado. Vadeamos un fuerte torrente y trepamos a la entrada de la cueva. La sensación es impresionante, una cueva bastante salvaje (se abrió a las visitas en el año 2016) ¡y con el agua fresquita! Equipados con un casco con frontal, accedimos a la cueva: la visita consiste en llegar hasta el final navegable nadando contra corriente, y después volver tranquilamente arrastrados por el agua. Muy potente la sensación de ir a oscuras por el agua, en una cueva, con la única iluminación de los frontales y con los murciélagos acechando. Aunque durante casi toda la aventura estuvimos bastante incómodos (botas y ropa mojadas), mosquitos, etc, fue una experiencia genial que nos ayudó a ampliar nuestros límites en este tipo de actividades. Como había mucha lluvia no pude sacar la cámara así que os enlazo algunas imágenes de la zona. Terminamos el día agotados pero muy motivados con la excursión.

Al día siguiente nos esperaba uno de los hitos más típicos de cualquier turista en Vietnam: ¡ya somos full stack transportation! Sí, amigas, tocó coger moto.

Atención al casco y al camino; ¿qué podía salir mal? Atención al casco y al camino; ¿qué podía salir mal?

Los días anteriores había llovido bastante y teníamos idea de que la cosa no iba a mejorar, pero como ya había sucedido más veces durante el viaje, aquí habíamos venido a jugar. El plan era recorrer un par de carreteras de la zona, con bonitas vistas y hacer algunas paradas interesantes por el camino. En el hotel donde nos alojábamos nos alquilaron una scooter en perfecto estado, salvo porque no funcionaba el indicador de velocidad, ni tenía retrovisores, pero quién los necesita, ¿verdad?

Fuimos directos a nuestra primera parada, el jardín botánico. Es un centro de conservación y exposición de la diversidad. Tiene una exposición, un par de rutas muy cortas, cascadas, animalicos (¡vimos monos!), etc. De las 3 rutas queríamos hacer la más larga, a través de la jungla, pero nos dijeron que no era buena idea porque las lluvias la habían dejado medio impracticable. Así que fuimos a por la siguiente, que esa ya sí nos la recomendaba. Ojo cuidado, lección importante: si os dicen que el camino está impracticable, es que la cosa está MUY CHUNGA. De hecho la ruta que cogimos estaba cortada por un torrente bastante fuerte, ¡y esa era la que podíamos hacer!

Me jugué la vida vadeando peligrosos ríos... Me jugué la vida vadeando peligrosos ríos...

Replanificamos rápidamente y nos montamos nuestra propia ruta (¿qué podía salir mal?) hasta una cascada, que es uno de los puntos más bonitos, y donde incluso te puedes bañar (normalmente). Aunque estaba muy bien señalizada, fue un paseo bastante demandante, con zonas donde hacía falta encaramarse a cuerdas o directamente resbalarse y dejarse llevar (es una de mis formas favoritas de hacer senderismo). Así llegamos a la cascada que estaba llenísima de agua. Un sitio muy bonito para descubrir.

Tras descansar un poco en el bar del complejo, cogimos de nuevo la moto para seguir por la carretera. Unos cuantos kilómetros después nos acercamos a la ruta de un nacedero: un paseo sencillo por puentes de bambú, pero con vistas estupendas. En taquilla nos dijeron que las lluvias torrenciales habían roto el puente así que el lugar estaba cerrado, ¡lo de la lluvia aquí es tremendo!

Esto es todo lo que pudimos ver del Mooc Spring Esto es todo lo que pudimos ver del Mooc Spring

Entonces empezó a llover suavemente, y como aquí la lluvia empieza súbitamente y termina súbitamente, nos resguardamos 5 minutos para esperar a que pasara el chaparrón. Al rato parecía claro que la lluvia no iba a cesar, pero como era lluvia suave, nos pertrechamos con los chubasqueros que nos habían prestado en el hotel, y remotamos el camino. Entonces, en una inesperada escalada de metros cúbicos, el cielo entero empezó a caer, una lluvia torrencial que nos acompañó los últimos 30 km de vuelta al hotel. Fuimos con mucho cuidado, pues el agua empezaba a anegar la carretera, pero vimos que era mejor llegar cuanto antes y no quedarnos colgados en medio de la nada, pues el agua empezaba a anegar la carretera. Alex se encargó del GPS (básicamente era “mantente dentro de la carretera”) mientras yo iba al mando de la moto. Un buen rato después pudimos volver a nuestro punto de partida: calados hasta en el DNI pero muy contentos de la ruta tan auténtica y las vistas únicas que pudimos contemplar.

Y así concluyó nuestro paso por Phong Nha Ke Bang National Park. Un lugar precioso que nos llevó a maravillarnos con la naturaleza más salvaje. Espero que aquí pueda crecer un turismo sostenible y respetuoso con este entorno único.

Útil:

  • Para comprar los billetes de tren hay que ir directamente a la estación y hace falta mostrar alguna identificación. No teníamos los pasaportes encima así que usamos el DNI y sirvió. Después nadie nos pidió los billetes en las 4 horas de trayecto :P
  • Autobús Dong Hoi - Phong Nha - Dong Hoi. En Dong Hoi hay varias paradas, incluyendo en el propio aeropuerto. La que está más cerca de la estación de tren es esta, que está FRENTE a la estación de autobuses de Nam Ly. El autobús B4 es el que hay que coger. Pasa desde por la mañana pronto una vez a la hora hasta las 17:30 aproximadamente (con un parón sobre las 12 para comer). En Phong Nha el bus de vuelta para frente al hostal Easy Tiger (en la calle principal, uno de los más famosos). El trayecto cuesta 40.000 VND y dura más o menos 90 minutos para unos 50 kms. Mola todo :)
  • En Phong Nha hemos visto dos centros de excursiones principales: Oxalis tiene el monopolio de las visitas más extremas (y más caras), e Easy Tiger facilita el resto. Nosotros comparamos varios sitios y el precio no variaba.
  • Para alquilar la moto preguntamos en dos sitios: en uno costaba 200.000VND (con gasolina) y nos pedían carné de conducir; en el otro 150.000VND (también con gasolina) y no nos pidieron ni fianza ni nada, lo fue decisivo pues yo me vine sin carné de conducir (premio a la chica más lista del mundo).

Otro premio dieron a estos dos por este super selfie:

Y aquí las foticos de Phong Nha: