Ayer fue el día de paliza total. Nos levantamos a las 6am para una travesía de carretera con paradas cortas en ciertos sitios emblemáticos. Tocó conducir por la carretera de montaña que cruza el Parque Nacional Triglav.

La primera parada fue junto al Lago Jasna, que habrá tenido momentos mejores, pero que está drenado, como otros cauces que hemos visto en Eslovenia. Ahí le hicimos una foto a una de las leyendas más famosas de Eslovenia: el Zlatorog.

Continuamos por la carretera hasta la Capilla Rusa. Ahí descubrimos que esa carretera la construyeron presos rusos (de la Primera Guerra Mundial). Esta capilla se erigió como homenaje a los presos que habían muerto en diversas avalanchas construyendo ese acceso de montaña.

Tras esto, seguimos hasta el Paso de Vrsic, a 1611 metros, desde donde teníamos una pequeña ruta para conseguir unas vistas espectaculares. Había tanta niebla, que no pudimos ver absolutamente nada, aunque llegamos a una gostilna donde pudimos tomar un café calentito. Una cuestión que nos ha venido muy bien en este viaje: hay gostilnas en todos todos los rincones y siempre ofrecen comida, a cualquier hora.

A pesar de este pequeño fiasco, tocaba seguir con la ruta, pues aún quedaban un par de paradas importantes. La siguiente era una de ellas: el nacedero del Río Soca. El camino está muy bien señalizado, pero en cierto momento, la ruta se pone más difícil y hay que ayudarse de los cables de acero que han puesto. Los últimos metros estaban tan expuestos que tuve dar la vuelta porque el vértigo se estaba poniendo peleón. Con todo, pudimos ver la mayor parte del nacedero, que es precioso.

Después tocaba una hora de ruta panorámica, llena de curvas catalogadas (numeradas y con indicación de su peligrosidad), hasta Trnovo ob Soci. Allí nos recogió una empresa de aventuras y nos llevaron ¡¡a hacer un rafting por el río Soca!! Era la primera vez que Alex hacía rafting, y fue fenomenal. A estas alturas de año no hay mucha agua, pero el Soca aguanta bien, sobre todo para raftings de iniciación, y además tuvimos algunos rápidos muy divertidos. Conocimos a Lauren y Chuck, con quienes compartimos un descenso genial (ey folks! It was great to know you; we wish you an awesome trip :D)

El plan después del rafting era visitar la garganta del Tolmin, pero no llegamos a tiempo, así que lo dejamos para otro momento. Y ya tocaba la vuelta. Teníamos 3 opciones: volver por donde habíamos venido (unas 3 horas de viaje); seguir por la carretera por la que íbamos (unas 2 horas de viaje) o… ¡¡montar nuestro coche en un tren!!

El motorrail es un tren bastante viejuno que hace un trayecto histórico entre varios pueblos de la zona, a través de túneles y por parajes fantásticos. Llevar el coche montado de cualquiera manera en un tren algo decrépito fue una experiencia genial para terminar el día.

Después nos acercamos a cenar a un lugar local y lo siguiente que recuerdo era que esta mañana sonaba el despertador para la ruta de hoy…

Nos dio tiempo, eso sí, a hacernos… no os lo vais a creer, ¡un selfie!

Y aquí las foticos…