¡Ya estamos en Bled! A partir de hoy comienza la segunda parte del viaje, centrada sobre todo en senderismo por el Parque Nacional Triglav. Si el tiempo lo permite, porque parece que ha dado un vuelto y solo hay mucha lluvia en el horizonte. ¡Veremos!

Por la mañana abandonamos nuestro apartamentito en Ljubljana y fuimos a Skofja Loka, un pequeño pueblo medieval con varias visitas interesantes. Un pueblo muy chulo, con un castillo en lo alto que alberga un museo bastante ecléctico. El castillo y el museo merecen mucho la pena por la cantidad de objetos tradicionales sobre profesiones en declive (sigh).

Siguiente parada, Radovljca, otro pueblo incluso más pequeño, pero con un centro histórico lleno de fachadas con frescos, un mirador al valle fantástico y, prestad atención, un museo sobre apicultura y un taller de galletas de jengibre. Pero sin jengibre. Todo muy loco.

Hemos pasado por delante de una fachada con un cartel que rezaba “Las legendarias galletas de jengibre”. Y no podíamos perdérnoslas, claro. Claro. Entramos y un señor muy amable nos acompaña al taller donde han recuperado la tradición de galletitas con forma de corazón decoradas y puedes ver cómo las elaboran.

  • Las llamamos de jengibre, pero no tienen jengibre. Es porque se parecen un poco. Pero lo que hay aquí es miel, así que son de miel - claaaro. Y va Alex e intenta reconducir la conversación:
  • ¿Con miel de la zona? Estarán riquísimas
  • Bueno, es que no se comen - claaaaaroooo - Porque están hechas para durar, no para comer. Son comestibles, pero no estarán muy ricas, la verdad. Mira, esta de aquí tiene más de 50 años. Las hacemos sin huevo y duran un huevo - graciosete encima. - ¿Vosotros tenéis miel?
  • En casa no, claro…
  • ¡Ya! para mí es taaan normal, me sorprendió descubrir que no todo el mundo tiene panales de abejas en sus casas - En serio, waddafuq! Pero no nos hemos rendido y ha sido mi turno para tener una conversación coherente.
  • ¿Y qué tipo de miel?
  • Miel normal
  • Es que en España la miel (creo) suele especializarse, como en sabores, dependiendo de las flores que usan
  • Sé a qué te refieres, pero no, aquí tenemos castaños y se hace miel de castañas y ya.
  • Anda, pero tenéis también mucha flora distinta
  • Ya, que sí, payasa, que sé qué quieres decir, que me anoto el punto, que touché, pero que no, que castaños y punto. - de esto que vas notando que toca la siguiente visita.
  • Pues nada, muchas gracias, nosotros nos vamos yendo
  • Payasa, te voy a mandar un ejército de abejas…

No nos quedamos a oír el resto. Huíamos despavoridos hasta el mirador del pueblo, cuyas vistas nos dieron tranquilidad y fuerzas para la siguiente visita. El museo de apicultura. Que uno de nosotros se empeñó mucho. Y no miro a nadie (Alex, le miro a él). Pues ahí que fuimos. Resulta que en esta zona le dan muy duro a la apicultura, inventaron muchísimas técnicas, tienen una tradición de varios siglos, y además de perfeccionar la técnica, hacían panales artificiales con decoraciones policromadas, bajorrelieves y con formas inesperadas tales como: lobo, persona, castillo.

No contábamos con que el pueblo diera tanto de sí. Pero finalmente hemos tenido que coger el coche para el último tramo hasta Bled. Es un pueblo muy muy turístico (caro) aunque se nota que está en temporada baja, porque no está todo a reventar.

Hemos bajado a la primera visita obligada: el lago. Es precioso, entre montañas, con el castillo en lo alto y la iglesia en el islote. Nos hemos sentado en una terraza a ver el paisaje mientras tomábamos un café, cuando ha empezado a llover. Tres horas después seguía lloviendo a mares. Y aún sigue… Confiamos en que aún tendremos algunos días buenos para hacer rutas de calidad.

Mientras tanto, calidad la de este selfie, y las foticos del día…

¡Seguiremos!