Ayer tuvimos un día muy misceláneo. Comenzamos la jornada tomando el coche-tren hasta el valle de Tolmin para visitar el desfiladero que nos habíamos dejado pendiente la vez anterior. Mereció totalmente la pena, es una garganta muy angosta, y el agua corre muy clara y verde. Un rinconcito natural precioso.

Antes de proseguir, hicimos una pequeña parada en la gostilna del lugar, donde probamos la frika, un plato típico esloveno con patata, huevo y queso. No es exactamente una tortilla, pero está muy bueno y es muy contundente. Con el estómago lleno nos fuimos a Kobarid donde hicimos otra ruta breve siguiendo el curso del Soca, hasta una cascada preciosa encastrada en un pequeño desfiladero; se trata de la Cascada de Kozjak donde en verano la gente incluso se baña (nosotros no fuimos tan valientes XDD). El río Soca en esta parte del curso discurre ancho y claro, ¡magnífico!

Y por la tarde nos acercamos a Idrija; es un pueblo de tradición minera, donde tienen un museo-visita guiada por las minas. La visita discurre por algunos túneles, donde se mantienen las estructuras de madera, los accesos, las empinadas escaleras y la sensación de estar a muuuuchos metros bajo tierra.

Esta mina, de mercurio, es la segunda más grande del mundo, tras la de Almadén y al igual que la española, está inscrita en la Unesco como patrimonio cultural. Las maquetas del pueblo sobre la mina dan idea de la magnitud de los túneles, varias veces más grande que el propio pueblo. A día de hoy la mina ya no produce y solo están abiertos 4 pisos para el museo. Estos 4 pisos han de ser vaciados de agua diariamente para evitar el anegamiento. Los pisos inferiores (hablamos de más de 40) están ya completamente anegados.

La visita merece muchísimo la pena, nos sorprendió y nos encantó. Además, te visten de forma muy apropiada para la ocasión:

Idrija además es un centro importantísimo de encaje de bolillos. Tienen una larguísima tradición e incluso enseñan en clase a los niños. Me sorprendió y me alegró saber que este tipo de tradiciones están tan vitales en algunos sitios, dado que en España es una artesanía en vías de extinción. Finalmente, Idrija es EL sitio donde probar los famosos žlikrofi así que buscamos una gostilna y aprovechamos para cenar. Muy muy ricos. Ayer fue el día en el que mejor se nos dio lo de la gastronomía eslovena (los dulces no son lo suyo salvo alguna honrosa excepción).

Y tras todo el día tocaba una travesía montañosa de hora y media, entre valles y carreteras con muchas curvas, para ir a descansar. Mientras, ¡aquí las foticos!