Nos hemos despertado pronto para bajar al desayuno del Marriot Merrit, nuestra hobbítica posada en Monterey (que no, no es la famosa ciudad de México). ¿Sabéis esas comidas pantagruélicas de los reos en el corredor de la muerte? Pues nos hemos desayunado esa última voluntad culinaria del condenado. Y luego nos hemos comido al reo en cuestión. Y de postre a los guardas.

Antes de salir de Monterey (que no…) hemos parado brevemente en la playa San Carlos para hacer check en el Pacífico.

He estado un rato esperando a que viniera Mitch Buchannan a rescatarme, pero solo han venido tres gaviotas y unas cuantas algas. He estado un rato esperando a que viniera Mitch Buchannan a rescatarme, pero solo han venido tres gaviotas y unas cuantas algas.

Y a media mañana hemos cogido a Totx (le encanta que le llamemos así) y hemos enfilado rumbo a Fresno, donde pensábamos parar a comer y pequeña visita. Las carreteras americanas, ¡qué decir! Son rectas y muy norteamericanas. Como son muchos muchos kilómetros, montar una incorporación cada kilómetro milla es muy costoso; así que mejor hacen cruces, con un semáforo o con un stop y ya si eso los conductores se orgainzan. Hay cruces con 4 stops y todavía estamos intentando descubrir cómo funcionan.

Aquí en los USA todo es digno de mención (porque si solo mencionaran lo importante, se quedarían en dos cosicas). Pues bien, yendo por la autopista Pacheco (ya os he hablado de cómo ponen nombres…), nos cruzamos con el “Centro mundial de alcachofas”, ¡¿cómorl?! pero si todo el mundo sabe que el centro mundial de alcachofas son las huertas navarras… Pues estos dicen que está aquí. Pero… ¿los norteamericanos ya saben comer alcachofas como las que hace mi padre? No, claro… aquí te las fríen “como las patatas fritas”. Vamos. Hombre. Ya.

Sobre las 15 llegamos a Fresno. Esperábamos una ciudad relativamente grande (pues en el mapa aparece con Arial 14 en lugar de con Arial 12), pero al parecer era mucho esperar. Estaba la ciudad muy vacía y hacía unos 75º. A la sombra. No exagero. Por algo se llama “Fresno” (Fresh no. No fresco. Es un txistako, nah, no lo vais a pillar…) Total, que hemos entrado a comer en el típico restaurante americano, gigantesco, donde nos daban café antes que las buenas tardes. A las 16 se nos había olvidado que habíamos desayunado reo, así que plato al canto.

Como en Fresno no había mucho que hacer, aparte de cocernos, hemos cogido el coche y hemos acometido las millas finales hasta Three Rivers, que es el pueblo más próximo a Parque Nacional Sequoia. Me río yo de las poblaciones disperas de Asturias. Un pueblo que se extiende varias millas a lo largo de la carretera: en esta milla tienes la notaría y el videoclub; en esta otra milla tienes la gasolinera y el super, y dos millas más para allá, tienes la iglesia y la biblioteca (verdad verdadera).

Nos hemos alojado en una acogedora cabaña al pie de la carretera donde seguro que no ha habido ningún crimen en mucho tiempo. Ni es zona de riesgo de predators o psicópatas. Si no vuelvo, recordadme como la gran taxidermista que fui.

Hay un libro de Stephen King que me viene a la cabeza... Hay un libro de Stephen King que me viene a la cabeza...

Mañana, visita al Sequoia National Park. ¡seguiremos informando!