El viernes por la mañana empezaba una nueva etapa del viaje; coger el coche y empezar a hacer kilómetros hacia lo desconocido, indómito y, tal vez, muy peligroso…

De primeras nos dieron un tráiler, pero es que es difícil aparcar. Pedimos algo más pequeño. Extrañados, nos ofrecieron un tractor. Pero es que consume un montón. Pedimos algo más pequeño. Finalmente, estupefactos nos dieron un super coche de 8 plazas y ya no podíamos seguir quejándonos, así que nos hemos quedado con él y con un seguro de asistencia en carretera (280$).

Es un Dodge, y es totxo, así que lo hemos llamado 'Totx'. ¿Lo pilláis? Nah, qué lo vais a pillar... Es un Dodge, y es totxo, así que lo hemos llamado 'Totx'. ¿Lo pilláis? Nah, qué lo vais a pillar...

Coche automático… No me extraña que vayan hablando por teléfono, y comiendo y dibujando planos en el coche, con esos aparatos que se conducen solos y no te dejan nada a ti, aguerrido conductor que quieres sentir la carretera. Con estas nos hemos ido a Muir Woods, el primero de los parques nacionales que vamos a visitar.

Es una zona llena de Red woods (que son pinos, no sequoias) muy muy altos. Aquí en Muir hemos comprado el Annual Pass de parques nacionales (80$ para 4 personas durante 1 año). La familia Kent poseía estas tierras, pero las donó al estado, con el nombre de un famoso conservador (Muir, tampoco era tan famoso, a mí, por ejemplo ni me sonaba), para que todo el mundo pudiera disfrutar. Impresiona muchísimo la altura de estos árboles; en España no estamos nada acostumbrados a bosques tan altos. Este parque está, como todo por aquí, muy domesticado: los caminos muy bien señalizados y cuidados, los ciervos se te cruzan tranquilamente y los drones te sacan fotos desde ángulos complicadísimos.

Hemos hecho una marca en el árbol y el año que viene volvemos a ver si Alex, el árbol, o ambos, han crecido... Hemos hecho una marca en el árbol y el año que viene volvemos a ver si Alex, el árbol, o ambos, han crecido...

Después de tomar unos sandwiches orgánicos en el bar del parque, hemos puesto rumbo hacia Point Lobos, al sur de San Francisco; una pequeña reserva natural con muchos lobos marinos, más ciervos y pelícanos. Hemos debido coger la A3 hacia Valencia, porque los 250 kms de atasco han sido épicos. El parque (10$ por coche) es una pequeña península protegida, donde en 4 rocas (literalmente) se han asentado un montón de lobos marinos. Imprescindible ir con los prismáticos para poder apreciarlos bien. Hemos llegado cuando faltaba una hora para el cierre y hemos tenido la suerte de poder ver la puesta de Sol.

Se nota a los leones marinos aullando cual lobos por el sol que fenece... ¡y por la rasca! Se nota a los leones marinos aullando cual lobos por el sol que fenece... ¡y por la rasca!

Tras la puesta de sol… era de noche. Así que hemos replanificado y nos hemos ido a Monterey (que no es la famosa ciudad de México) en lugar de a San Simeón. Hemos cogido una habitación (sorprendentemente buena) en una posada, y a dormir… Hoy nos dirigimos hacia Three Rivers, para empezar mañana con las visitas más montañeras en Sequoia… ¡seguiremos informando!