Hoy hemos comenzado pronto el día en el Central Coffee al lado de nuestro alojamiento. Un par de trolebuses conducidos por gruñones que no querían saber nada de nuestras vacaciones, y en seguida estábamos en el Pier 41 del Fisherman’s Wharf a punto de embarcar en el ferry hacia Sausalito (11$ cada uno).

El ferry pasa cerquita de Alcatraz:

Mira, ¡Sean Connery! Ah sí, y Nicolas Cage haciendo el paquete Mira, ¡Sean Connery! Ah sí, y Nicolas Cage haciendo el paquete

… cerca del Golden Gate:

El otro día unos Kaijus dejaron el puente hecho un cristo, pero hoy estaba mucho más limpio El otro día unos Kaijus dejaron el puente hecho un cristo, pero hoy estaba mucho más limpio

… y da una panorámica de toda la ciudad:

Preciosísima ciudad con edificios Preciosísima ciudad con edificios

Y así llegamos a Sausalito. De primeras uno podría pensar que esta ciudad no tiene mucho interés: casas y ya. Sin embargo, al investigar un poco descubrimos una historia de lo más trepidante: San Francisco (el santo) fundó San Francisco (la ciudad). Si os parece que ponerle a tu hijo el nombre del padre es lo peor (lo es y lo sabéis), ahora pensad en que un cura le pone su nombre (ya santificado!) a una ciudad. Total, que fundó la ciudad y ésta vivía próspera entre terremoto y terremoto.

Pero he aquí que tenía un monaguillo algo díscolo, con ciertas ideas arquitectónicas; el monaguillo se llamaba Sausalito y San Francisco (que por aquel entonces solo era Paco) no le hacía ni caso a sus aspiraciones. Así que Sausalito dijo: “tierra nueva, vida nueva”, y se fue al montículo de enfrente a San Francisco y allí fundó la ciudad de Sausalito (no le puso el “San” porque ya veía venir que su aventura no sería bien vista).

Esta nueva ciudad se configuró siguiendo las nuevas ideas del monaguillo, un estilo muy característico que se llamó “sausalito californiano”, caracterizado por casas con puertas y ventanas siguiendo caminos y carreteras. Como curiosidad también, las iglesias no tienen como patrón a San Francisco, sino al monaguillo Sausalito haciendo un calvo al santo.

Tras esta fabulosa visita, hemos cogido el autobús en Sausalito (5$ cada uno), y nos ha llevado hasta Fisherman’s Wharf de nuevo pasando por el Golden Gate. Justo al lado está la famosa y empinadísima Lombard Street. Y sí, está empinada, sobre todo si la subes: Alex se ha empeñado en que si estábamos abajo, había que subirla, a pesar de mi insistente petición de que nos bastaba con bajar la cuesta.

Turistas, ¿cuál es nuestro oficio? - ¡Subir, subir, subir! Turistas, ¿cuál es nuestro oficio? - ¡Subir, subir, subir!

Afortunadamente cuando llegamos arriba Alex accedió a mis deseos y pudimos bajar:

Aquí quiero ver yo a Alonso adelantando en las curvas Aquí quiero ver yo a Alonso adelantando en las curvas

Seguimos de paseo hasta el puerto donde terminamos de descubrir la verdadera naturaleza de la ciudad. La llaman “La ciudad de las colinas” (Alex se lo acaba de inventar), pero en realidad solo hay una colina. Y siempre toca subirla. Me recuerda mucho a algo…. De nuevo en el puerto, aprovechamos para probar un plato típico de San Francisco: clam chowder que, aunque es una crema muy pastosa, algunos lo traducen como “sopa de cangrejo”.

Después de comer, nos acercamos al submarino USS Pampanito, a un museo de arte mecánico con muchos juegos de parque de atracciones antiguos, ¡nos hicimos un fotomatón! y nos acercamos a ver los leones marinos en el Pier 39.

Y ahora estamos a punto de salir a cenar en el Nopa, el restaurante favorito de nuestra anfitriona y, según prestigiosos científicos rusos, “el mejor restaurante de San Francisco”. ¡Mañana más!