Tras aterrizar en San Francisco (¡con una hora de adelanto!) notamos rápidamente las 3 horas de diferencia horaria, pues teníamos ganas de comer un chuletón a las 12. Para los navarricos que me leáis, no, no es habitual comerse un chuletón a las 12, o unas carrilleras a las 9 de la mañana.

Total, que siguiendo las indicaciones de nuestra anfitriona, fuimos a por el Super shuttle que nos llevó a la puerta de nuestro alojamiento (27$ ambos) donde nos esperaba Alexis. Lo primero y fundamental, conseguir la wifi. Como la wifi de la casa es una castaña, andamos conectados a una wifi libre que hemos pillado.

Nota: señores dueños de la wifi libre, no me espíen por internet. Asómense a la ventana y hablemos como vecinos civilizados. Fin de la cita.

Como habíamos llegado pronto, nos fuimos a tantear la zona empezando por un enorme parque cerquita de nuestra zona: Golden Gate Park (que no es el parque que está junto al Golden Gate; el que está junto al puente se llama Presidio aunque no está exactamente al lado de Alcatraz. Claramente los toponominadores de San Francisco fueron los lumbreras que llamaron Términus a Atlanta). Un parque muy muy grande, con mucha gente paseando, patinando, corriendo, en bici, jugando a criquet, freesbee, beisball, paseando a los perros… muy buenas sensaciones. La alerta por coyotes nos puso a correr a nosotros también. Sensaciones no tan maravillosas sudando como pollos para salvar nuestras vidas de un coyote.

Tiene también un jardín japonés (8$ cada uno) con ardillas norteamericanas como señal del tratado de paz de 1951.

Apartamento cozy, coqueto y luminoso. Bien comunicado. Apartamento cozy, coqueto y luminoso. Bien comunicado.

En el jardín aprovechamos para tomarnos un té helado con “frutos secos japoneses” (a.k.a., cartón) que incluían dos galletas de la suerte:

¿Aceptas las cookies? Si no, ya te estás pirando a otro blog de viajes... ¿Aceptas las cookies? Si no, ya te estás pirando a otro blog de viajes...

La galleta de la izquierda le tocó a Alex: “Algo maravilloso está a punto de sucederte”. La fortuna de la derecha me tocó a mí: “La calidad importa más que la cantidad. Haz un buen trabajo mañana”. Sí, es lo que estáis pensando: ¡menuda castaña de buena fortuna! Pedí que me devolvieran mi dinero. Quemé los documentos de paz de 1951 y les hice un calvo a los de la tetería. Salimos pitando de allí.

Fuera ya del jardín japonés, de pronto algo nos resultó familiar y montamos en un momento un “Españoles por el mundo”:

Nos llevó a su restaurante español donde dan tortilla a precio de oro. Está forradísimo y echa mucho de menos su Albacete natal. Nos llevó a su restaurante español donde dan tortilla a precio de oro. Está forradísimo y echa mucho de menos su Albacete natal.
Nos llevó a su restaurante español donde dan tortilla a precio de oro. Está forradísimo y echa mucho de menos su Albacete natal.

Como toma de contacto con la ciudad no estuvo mal. De ahí nos fuimos paseando hasta Alamo Square, donde están las famosas Painted ladies que a todos os sonará por Padres forzosos

Bob Saget fue un secundario mediocre pero un agente inmobiliario buenísimo... Bob Saget fue un secundario mediocre pero un agente inmobiliario buenísimo...
Bob Saget fue un secundario mediocre pero un agente inmobiliario buenísimo…

En San Francisco se cena a partir de las 19 y hasta la 1 (según los horarios de los restaurantes); genial para nuestros horarios españoles. Total, que después de comer bastante mal en Atlanta, nos fuimos a un árabe con muy buena pinta donde cenamos tranquilos y a las 22 yo estaba tan reventada que caí rendida…