Nueva York no es nueva; seguramente lo fue alguna vez, pero a día de hoy está más bien herrumbrosa. Es una gran ciudad muy turística, con todo lo que eso conlleva.

La primera impresión al bajar en Port Authority fue la de una ciudad ruidosa, muy sucia (huele taaaan mal), caótica y hostil. Además, tuvimos la mala suerte de que nuestro alojamiento iba a juego con la ciudad (¡cucarachas!). Recién llegados del paraíso que resultó para nosotros Adirondacks, el impacto fue notorio.

Con todo, reconozco que nuestras visitas fueron de menos a más y que el tiempo fresco y nublado acompañó durante toda nuestra estancia, así que tras el choque inicial, después vinieron días un poco más agradables (salvo para las fotos, que se me quemaban todas :P).

Así es la vida Así es la vida

Para ir desde JFK hasta Manhattan: primero hay que coger el AirTrain en el aeropuerto y bajarse en Jamaica Station (es la última). Este pasaje se paga al bajar en Jamaica, pues en el aeropuerto no hay máquinas. En Jamaica debes comprar la metrocard para salir del Airtrain y después cargarle más dinero para coger el metro hacia el centro de Manhattan.

Día 1: el mayhem

Fuimos paseando por Chinatown y Little Italy, hasta llegar al punto donde empezaba nuestro tour guiado por NYC. Con el tour visitamos Wall Street, el 911 Memorial, el Oculus de Calatrava y descubrimos algo más sobre los primeros pobladores del Sur de Manhattan y la colonización holandesa y británica.

Por la tarde paseamos por el High Line y por Hell’s Kitchen, fuimos a Times Square y a la estación Grand Central; además, aprovechamos que el MOMA es gratis los viernes de 16 a 20 para acercanos a conocer este museo.

Nosotros hicimos 3 de las visitas más importantes con la tarjeta C3 (3 monumentos); hay varias modalidades y puede ser útil echar un vistazo si os encajan con vuestras visitas.

Día 2: las vistas

El segundo día comenzamos el día subiendo al Empire State; como fuimos pronto, pudimos visitarlo sin muchas esperas ni aglomeraciones. Tras asomarnos al piso 87 del edificio más alto de NYC, nos acercamos dando un paseo hasta la Biblioteca pública, una visita muy breve pero interesante.

Por la tarde fuimos a visitar el Intrepid Museum, porque era gratis (día del Smithsonian) y porque tenían una feria de ciencia y astronomía que Alex quería ver. También había una conferencia de Mae Jemison pero era solo para miembros del museo (tsk). El museo es el portaaviones Intrepid que sirvió en varias campañas bélicas de USA y que jubilaron en forma de museo. Dentro del museo se pueden visitar la lanzadera espacial USS Enterprise y un submarino que está varado en el Hudson junto al museo. Fue una visita chulísima.

Y por la noche ¡nos fuimos a Broadway! El musical elegido fue Aladdin y fue una auténtica pasada. El actor que hace de genio es el dueño incontestable de la obra y nos dejó una sonrisa enorme.

En las marquesinas de autobus hay máquinas donde meter la metrocard (sirve para bus y metro) y que te dan el ticket del bus, puesto que en el autobus no se puede ni ticar ni comprar billete. Nosotros nos colamos en el bus por no saberlo :P

Día 3: museos

El tercer día lo dedicamos casi íntegramente a visitar dos museos. Por la mañana fuimos al Museo de Historia Natural. Es un museo enorme, similar a su homónimo londinense; tiene una gran sección sobre dinosaurios, muchos animales americanos, el planetario Hayden y mucho mucho más; es improbable verlo en un día entero, y es recomendable dedicar un rato antes a elegir bien qué se quiere visitar.

Aprovechamos la hora de comer para dar un paseo por el Central Park y salir al otro lado, donde está precisamente el Metropolitan Museum (MET), otro gigante. Este tiene mucho de British Museum y aparte pinacoteca y arte norteamericanos.

Día 4: cruzar el Hudson

El último día fuimos pronto hasta la estación donde se coge el ferry que va a Staten Island y que es la otra forma oficial de ver la Estatua de la Libertad. El ferry nos ayudó a cruzar dos veces el Hudson y pudimos hacer las fotos de rigor al símbolo neoyorquino por excelencia.

Después fuimos en metro hasta Brooklyn, que es una zona mucho menos agobiante y turística, y desde donde volvimos a cruzar el Hudson esta vez sobre el famoso puente de Brooklyn; pudimos ver a Spiderman descolgarse y salvar un hot dog de caer al río. Heróico.

Después recogimos nuestras cosas y nos despedimos de NYC. Como veis, no ha sido mi visita favorita (tampoco contaba con ello); y seguramente me haya dejado algunas cuestiones útiles en el tintero; si estáis pensando en ir y tenéis dudas, no dejéis de preguntar, contestaré de mil amores.

Y para mil amores, los que se ven en este selfie tontako:

Y el resto de fotos de la visita a NYC: