Esta mañana a las 5am sonaba el despertador y comenzábamos la jornada, porque estar de vacaciones no está reñido con ser unos pringados. El objetivo era llegar justo al amanecer a Lamar Valley porque era nuestra mejor oportunidad para ver lobos en Yellowstone.

Lamar Valley se encuentra al noreste del parque; es una zona poco visitada porque no está muy a mano de ningún sitio, ni tiene muchos atractivos “turísticos” (aunque el valle en sí es precioso y bien merece un paseo). Sin embargo, es el sitio perfecto para quienes quieren ver ciertos animales, ya que son más prudentes en otras zonas del parque.

Esto funciona así:

Yo yendo a Lamar: “es posible que no veamos nada, no es seguro porque los animales nos van a evitar.”

Yo haciendo senderismo: “estoy segura de que un bistonte va a cornearme, un oso va a devorarme y una ardilla va a mirarme con desprecio, todos juntos y a la vez.”

Claro, por supuesto... Claro, por supuesto...

Así que sobre las 7am llegábamos a la carretera de Lamar Valley; la idea era ir parando en los pullouts (anchurones en la carretera donde para con el coche), y otear con los prismáticos a ver si “pillábamos algo”. Lo más evidente eran los rebaños de bisontes, que aquí campaban en mayor número que en el resto del parque, así que confiábamos en tener suerte.

Al rato de llegar y tras parar varias veces sin éxito, vimos que más adelante en la carretera se agrupaban un montón de coches, y había gente con telescopios terrestres apuntando en la misma dirección, así que nos acercamos. ¡Bingo! Un lobo negro en la parte baja del valle se movía y se podía apreciar perfectamente con los prismáticos.

El grupo de coches se iba desplazando de forma anárquica pero parecía emerger un patrón: cuando se formaba un grupillo, había “bicho”, de forma que fuimos siguiendo el grupillo y así pudimos ver una manada de lobos, y sobre todo, les escuchamos aullar al alba. Muy impresionante.

De pronto, el grupo en el que estábamos giró 180º su posición (y nosotros detrás, claro). ¡Y ahí estaban! Dos coyotes entre los arbustos, caminaban a paso ligero y estuvieron poco tiempo en nuestro espacio de visión.

Volvimos a los lobos, donde pudimos apreciar varios individuos incluido algún joven más pequeño y grisáceo. Había merecido totalmente la pena el madrugón, pero aún quedaba más.

Hay gente muy pro que va a ver animales, y se coordinan por radio; en estas que le avisan a uno que hay un grizzly arriba en las montañas, en la zona nevada. Nuestros prismáticos no tienen esa capacidad de aumento pero unos “oteadores” nos dejaron usar sus telescopios y nos asomamos a la visión. Un puntito marrón muyyy lejos. Por lo visto vimos un grizzly aunque no podría jurarlo.

Entonces los que están a nuestro lado comentan que hay un alce, un poco más al este en el valle, pero que estaba muy difícil. Sin muchas esperanzas, cogimos nuestras cosas y seguimos la carretera sintiéndonos super afortunados por haber visto tantos animales. Y de pronto, ¡ostia dos alces! Los vi desde la carretera y como estaba todo el mundo parado, Alex también pudo localizarlos. Teóricamente en Grand Teton veremos muchos alces, pero estos dos ya fueron impresionantes.

Y así dábamos por concluida nuestra expedición en busca de animales; fue muchísimo más exitosa de lo que habríamos imaginado. Si no pongo ninguna foto es porque no hice fotos, claro, estaba super concentrada buscando bichos por todo el valle.

Para el resto del día, habíamos planificado algunas rutas breves y nada exigentes: solo queríamos estirar las piernas y respirar aire fresco. Nos acercamos con el coche hasta la entrada noreste donde hicimos un segundo desayuno y después cogimos la misma carretera de Lamar Valley pero en sentido opuesto.

Así llegamos a Pebble Creek una garganta que se pasea a nivel del río, y en cuyas calizas se pueden encontrar crinoides (fósiles marinos).

Pebble Creek Pebble Creek

Después nos acercamos al Trout Lake, un lago super tranquilo y fotogénico en el que nos hemos demorado contemplando el paisaje. Con el “chip” oteador aún en marcha, hemos estado escaneando las montañas aledañas hasta que, ¡sorpresa! hemos visto cuatro cabras montesas.

No hay truchas, pero hay patos No hay truchas, pero hay patos

Justo Antes de comer hemos paseado por el Specimen Ridge, que recorre el cañón de Yellowstone muy cerca de la pendiente del desfiladero (ay), pero con unas vistas preciosas.

Aquí un especímen Aquí un especímen

Y para terminar nos hemos acercado al Petrified Tree, un árbol petrificado (esto lo visteis venir) por la lava de erupciones violentas hace más de 50 millones de años (uno detrás de otro). Está vallado porque, según leímos, había tres árboles juntos y “cazadores de souvenires” se llevaron dos.

Qué buen tronco, parece que solo tuviera 40 millones de años Qué buen tronco, parece que solo tuviera 40 millones de años

Tras este paseo, yo he me montado en el sitio del copiloto y me he quedado catacroquer hasta llegar a Gardiner, donde Alex me ha despertado ¡porque había un antílope junto a la carretera!

Hoy ha sido un día de ver muchos animales nuevos y unos cuantos “repes”: bisontes, lobos, coyotes, un oso(?), alces, cabras montesas, un halcón peregrino, mímidos grises, antílopes, y hoy en el jardín se habían colado dos ciervos además del conejo.

Y con este día tan especial nos despedimos del noreste de Yellowstone, y nos vamos hacia el oeste, a West Yellowstone y Old Faithful, donde los géyseres son los dueños del paisaje.

Y para especial, este selfie, que (casi) no os lo esperábais:

Aquí estamos, Lamar de bien (#patapumpish) Aquí estamos, Lamar de bien (#patapumpish)

Y el resto de las fotos del día: